22 de noviembre 2001 - 00:00

Aburre "comedia" del presuntuoso Greenaway

Escena del filme
Escena del filme
«8 y medio mujeres» (8 1/2 Women, 1999, Gran Bretaña-Luxemburgo-Holanda-Alemania, habl. en inglés.) Guión y Dir.: P. Greenaway. Int.: J. Standing, M. Delamere, P. Walker, V. Wu, S. Inoh, K. Mano, A. Plummer, N. Amal, M. Fujiwara.

E l primer capítulo de este film evoca cierto nivel semántico de «Escrito en el cuerpo»,
no tanto por sus mujeres orientales, medio perversas, sino, sobre todo, por su elaborado trabajo de montaje. El espectador se enfrenta simultáneamente a una canción, un escrito, algunas figuras, y un window con más información que un noticiero Bloomberg, pero volcada en menos tiempo. Casi enseguida, nuestro espectador también advierte que esa información tiene relativa importancia.
 
Ante el segundo capítulo, ya sospecha que la película entera tiene relativa importancia, y que también evoca ciertas obsesiones de un film más lejano:
«Zoo», aquel de los hermanos obsesionados por la pudrición de los cuerpos.
 
Peter Greenaway sigue siendo el mismo, o peor: culto, degenerado, inteligente, pedante, relamido, y ahora encima reblandecido y repetido. La historia incluye, por supuesto, imágenes muy creativas y atractivas (el viejo con un taladro apuntando a las sienes, la vieja muerta, rodeada de sombreros, etc.), y se resume de un modo que también podría ser atractivo: ante la muerte de la dueña del castillo, padre e hijo la reemplazan con nueve locas, pero locas de la cabeza, salvo una muy piola, pero con tantas pretensiones que pareciera creerse la legítima. Y el viejo la ama. Como se ve, el asunto daba para una comedia inglesa de esas algo zafadas pero también refinadas, que tuviera incluso un poquito de reflexión, y de corrosión, y es probable que así lo encaró Greenaway. Le salió algo con un humor muy inglés, es cierto, pero inglés petulante, aburrido y amargo.
El título, una japonesa llamada
Giulietta, y una referencia propia de ignorantes, que hacen dos sirvientas en un diálogo, ofician como guiños cinéfilos. Un detalle es cierto: el «8 y medio» original pintaba las angustias de un artista en crisis, que se considera un mistificador. En fin.

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