22 de noviembre 2001 - 00:00

Acción al volante que gustará a fans

Acción al volante que gustará a fans
«Rápido y furioso» («The Fast and the Furious», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: R. Cohen. Int.: P. Walker, V. Diesel,
M. Rodríguez, T. Levine.


Si esta road movie con carreras de autos, robos de camiones y chicas que se rematan al ganador de una picada se hubiera estrenado a comienzos de los años '70, hubiera sido el triple de cara, la mitad de divertida y mucho menos profunda que films como «Ruta suicida», «Vanishing Point» o «Two Lane Blanktop». De hecho, el título de este sorprendentemente taquillero film sobre fanáticos de los autos pintados con llamaradas de fuego es idéntico al de un clásico del cine clase B para adolescentes producido por Roger Corman que duraba exactamente la mitad que éste (sólo 65 minutos, lo que hoy parece casi imposible) y, para terminar con este tablero de números y cuentas, costó apenas 66 mil dólares, lo que la vuelve un tanto más económica que su heredera homónima de 38 millones -sin contar la campaña de publicidad-.
 
Así y todo,
«Rápido y furioso» es mucho más modesta, divertida y argumentalmente fiel al género que, por ejemplo, las recientes carreras del ladrón de autos Nicolas Cage en «Sesenta segundos». Es probable que el éxito comercial de esta película de Rob Cohen en los Estados Unidos se relacione con la felicidad cercana al éxtasis que puede sentir un fan de los rompecoches al ver una película que olvida los efectos digitales que se venían aplicando a este tipo de rodaje para, en cambio, volver a disfrutar de auténticos «stunt drivers» en acción, con algunos momentos realmente intensos (claro que copiados de una de las últimas obras maestras del género, la ultraviolenta epopeya futurístico-apocalíptica de George Miller «Mad Max 2»).
 
El argumento tiene sus puntos de interés y originalidad. En especial debido a que el pandillero tuerca que compone
Vin Diesel en otra época hubiera sido un completo villano, mientras que aquí debe transitar permanentemente un peligroso filo de la navaja entre el honor y el delito. En cambio, los demás personajes de la película se quedan casi siempre a mitad de camino: en especial las beldades latinas del barrio cubano-chicano de estos chicos malos, y sobre todo Ted Levine (el serial killer travesti de «El silencio de los inocentes»), un gran actor totalmente desaprovechado en su rol de policía que nunca hace nada interesante.
 
«Rápido y furioso» hará pasar un rato entretenido a los fans del género, más allá de su tendencia al punto muerto y cierto desinterés del piloto Rob Cohen al momento de darles pista a las escenas que no contienen picadas, motores y curvas rápidas. La música y los efectos de sonido de motores y neumáticos chirriantes son un importante atractivo adicional que obliga a apreciar la película en una sala bien equipada.

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