Bruce Willis,
en un papel a
su medida, y
el
sorprendente
Mos Def
comparten la
pesadilla de
«16 calles»,
sólido film de
acción con el
sello del
creativo
Richard
Donner.
«16 calles» (16 blocks, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: R. Donner. Int.: B. Willis, M. Def, D. Morse, J. Stern, M. F. Keenan
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Desde las mejores series de TV de la década del '60, hasta éxitos de los '70, como «La Profecia» y «Superman,» o hits de los '80 como «Arma Mortal», Richard Donner ha dado pruebas suficientes de saber cómo innovar en el cine de género de la mejor manera posible; es decir, haciendo fortunas sin dejar de hacer evolucionar a Hollywood.
También hizo películas menos influyentes, entre ellas pequeñas obras maestras como la fantasía adolescente «El Hechizo del águila», contada en un estilo más sutil y poético que un film de acción convencional.
Lo mismo sucede con «16 calles» una de acción con Bruce Willis, que sin dejar de ser eso, es también algo más. La película empieza con un avejentado policía, que luego de haberse pasado la noche en un operativo sin pena ni gloria, debe acompañar a un don nadie que habla hasta por los codos a un tribunal que queda a 16 cuadras. Una tarea de rutina, empeorada por la resaca y la cháchara interminable del reo. Cuando el policía no aguanta más y detiene su misión para comprarse una petaca de whisky, aparecen tipos de todos lados intentando liquidar al verborrágico convicto.
Lo que sigue es una original trasposición del clásico tema de los westerns de «uno contra todos» al policial negro urbano actual. El protagonista entiende que aprovechando su mala forma la encajaron un testigo que nadie quiere vivo, ya que su testimonio podría exponer toda la corrupción de la comisaría.
Engañado por sus propios colegas, el policía de capa caída toma decisiones con las que aparenta enterrarse solo hasta el fondo, todo por un delincuente en el que tampoco puede confiar demasiado.
Avanzar las 16 cuadras hasta el juzgado se vuelve una pesadilla, y es en este punto del planteo argumental donde el suspenso generado por Donner y la sorprendente actuacion de Mos Def, el maleante parlanchín que asegura ser más bueno que Lassie, convierten a «16 calles» en algo más que un buen film de acción. El argumento muestra sorpresas a cada rato, simplemente por llevar las situaciones a su punto lógico, y asombrar con vueltas de tuerca que no son más que obvios despliegues de sentido común.
Ni hay que decir que Bruce Willis se sabe a la perfección este tipo de personajes, a los que esta vez le agrega una humanidad especial, justamente la clave de esta película.
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