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Antes de diciembre de 2001, el avance de las nuevas tecnologías marcó en todo el mundo el desplazamiento de la pintura. Sin embargo, la crisis significó el retorno de la técnica, varios artistas jóvenes de nuestro país descubrieron la tradición del óleo que había estado latente, visitaron los museos para ver las pinturas de sus antecesores y limpiaron los viejos pinceles. Al despuntar el siglo surgieron pintores jóvenes como Juan Becú, Nahuel Vecino, Pablo Lozano y Alejandro Bonzo, entre otros, que con sus estupendas obras demostraron que cuando un artista tiene algo para decir, el soporte es lo de menos.
El pintor sesentista Luis Felipe Noé presentó en la galería Praxis las pinturas de Mariano Molina, donde el color es el protagonista. «El color en su obra condiciona y posterga a segundo plano a la imagen de raíz testimonial fotográfica. El animo suyo detrás de esa decisión no es dar ningún mensaje (concepto de contenido preciso e inequívoco asociado a lo literario) sino marcar la vivencia de una situación multitudinaria a través de la vibración del color», dice Noé.
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