7 de mayo 2001 - 00:00

Actualidad

(07/05/2001) * Las dos obras de Erlich y Sacco fueron seleccionadas por Teresa Anchorena, comisaria del envío a la Bienal, y por Irma Arestizábal, a cargo de la curaduría. Si de exportar arte argentino se trata y si en verdad existe algún interés por «diseñar estrategias» en el futuro, como aseguran nuestros más encumbrados funcionarios del área cultural, el envío a Venecia ni siquiera debería discutirse. Es lamentable que la Argentina perdiera el espacio que había comprado en Venecia, y que, aun cuando sobró el dinero, los artistas padecieran ajustes presupuestarios.Ahora, la producción del envío excede el presupuesto de la Cancillería y se ha pedido ayuda al sector privado.

* Las instalaciones, como las de Sacco o Erlich, no tienen un ingreso tan fluido en el mercado como las pinturas o dibujos. El arte, como bien observó el presidente de la Bienal de Venecia, suele ser interdisciplinario, y los costos de realización de estas obras superan los de unos pomos de pintura y una tela. En general, en países como Italia, EE.UU. o España, entre otros, las fundaciones suelen solventar estos gastos, funcionan como soporte de los artistas y les permiten crear en libertad, ajenos a los vaivenes del mercado. En la Argentina, la mayor parte de los presupuestos de las fundaciones se destina a otorgar premios.

* Las actividades de la Academia Nacional de Bellas Artes adquirieron un ritmo decididamente intenso desde que la crítica Rosa María Ravera asumió la presidencia. Amiga de Umberto Eco y Gianni Vattimo, entre otros pensadores, Ravera organizó un cóctel en la Academia para recibir al francés Marc Augé.

* «Me interesa la transgresión, quiero trabajar con las contradicciones de la gente. Utilizo para mis obras lo fashion y las modelos porque es un mundo que está mal visto, porque es superficial y sin contenido. Mi transgresión pasa por hacer una obra que parezca superficial, sin ningún tipo de contenido, fetichista.» Con estas expresiones, Leandro Palmeyro ayuda a descifrar los códigos de la obra que presenta en la gale-ría Federico Klemm.

* «A mí me gusta la magia y quiero darle al espectador esa magia. Pinto paisajes que me atraen. Son paisajes imaginarios, con fondos de mar con sirenas. Son como un sueño, como un cuento», agrega Marina Sábato. La artista, junto con Palmeyro, Pablo Lozano, que pinta camillas odontológicas enfocadas desde distintos ángulos, y Martín De Paola, que usa las galletitas Pókemon para hablar del consumo y las adicciones, integra la muestra de una vertiente que se aleja del conceptualismo.

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