25 de noviembre 2004 - 00:00

"Alfie, el seductor irresistible"

Jude Law es el nuevo «Alfie» (Michael Caine fue el anterior, con mucha más fortuna), en una remake que intenta actualizar un argumento ya moralizante en los ’60 y que hoy directamente no se sostiene.
Jude Law es el nuevo «Alfie» (Michael Caine fue el anterior, con mucha más fortuna), en una remake que intenta actualizar un argumento ya moralizante en los ’60 y que hoy directamente no se sostiene.
«Alfie, el seductor irresistible» (Alfie, G.Bretaña-EE.UU., 2004, habl. en inglés). Dir.: Ch. Shyer. Int.: J. Law, M. Tomei, S. Sarandon, N. Long.

Este film es una remake del film del mismo nombre que lanzó la carrera de Michael Caine en 1966 y, digámoslo rápidamente, en la comparación sale perdiendo. Pero como el original difícilmente haya sido visto por las nuevas generaciones -a las que se dirige el nuevo «Alfie»-, ese detalle no tiene mucha importancia. Lo que sí llama la atención es justamente que se exhume para el público actual un argumento démodé, con un trasfondo que ya era moralizante en los años '60, y que ahora directamente no se sostiene.

Si el mujeriego incorregible Caine medraba en el swinging London, Jude Law (un actor de moda, cuyo nombre figura este año en cinco películas), conserva la ciudadanía inglesa, pero su coto de caza es Manhattan.

Allí vive en un modesto departamentito, compra ropa de marca en liquidaciones, y maneja una limusina, que a él lo provee de conquistas sexuales y al guionista (Bill Naughton, el mismo del original sobre su propia pieza teatral) una posibilidad de aggiornamiento ya que estamos en la globalizada Nueva York: su patrón es un chino, caricaturesco, naturalmente.

Como Caine, Law le habla directamente al espectador durante toda la película, tratando de transmitir el cinismo de un depredador sin conciencia al tiempo que una irresistible seducción. No lo consigue, más que nada porque ese discurso cansa, interrumpe las acciones (literalmente) y en lugar de cinismo lo que transmite es una queja permanente. No le falta razón, ya que las cosas le salen mal demasiado rápido: primero embaraza a la mujer menos indicada, luego sufre una momentánea disfunción eréctil que termina en biopsia peneana y así sucesivamente hasta perderlo todo. Así cualquiera buscaría darle un vuelco decisivo a su vida.

Además de que los avatares del protagonista hacen reír a gatas (se supone que esto es una comedia), con tantos años de feminismo, libertad de elección sexual y otros progresos, la verdad es que es difícil ponerse de parte de las mujeres que Alfie «daña» hoy día. Más bien no se entiende por qué lo castigan, luego de caer en sus redes, mujeres tan modernas y autosuficientes como las que aparecen aquí (excepción hecha del personaje que interpreta Susan Sarandon en otro desperdicio completo de su eficacia interpretativa), si no se las mira desde el punto de vista del «sexo débil». Y de psicoanálisis, nada. Para peor, temas como el aborto, que en el original era un punto fuerte en la construcción de la moraleja, en el «Alfie» contemporáneo obliga a una voltereta final que, encima, es previsible.

En cuanto a la actualización visual, se optó por la estética de videoclip con todos los recursos ad hoc posibles, incluyendo unos enormes carteles por todo Manhattan que dicen «Búsqueda» o «Deseo», y quieren sugerir que una cosa es lo que
Alfie dice y otra lo que lo guía interiormente. Por supuesto, esto recién queda claro cuando Alfie lo explica mirando tristemente a cámara.

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