«Contra la corriente» de Carlos Alonso (fragmento) da título a la muestra. (arriba) «Palabras», fragmento del friso de Guillermo Roux. (abajo)
"Contra la corriente"-Una reedición argentina y contemporánea de contiendas plinianas. Nada más apropiado que el título de esta muestra que reúne a dos grandes del arte argentino contemporáneo: Carlos Alonso y Guillermo Roux. Sí contemporáneos, porque ambos artistas nacidos en 1929 continúan trabajando con la misma pasión con la que se iniciaron y ponen sobre el tapete, en este caso el papel, temas eternos como las pasiones, las angustias, las miserias y los goces del ser humano.
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Contemporáneos de una época despiadada que no da tregua, pero en la que defienden a rajatabla su actitud ética hacia el arte, su pensamiento independiente, es decir, contra la corriente hegemónica, globalizadora y sobre todo contra el sin sentido. Recordamos una expresión de Alonso: «El pintor tiene que meterse en todo, en la materia y en la vida y no dejar nada al costado».
Los frisos que ocupan las paredes ahorapintadas de color rojo pompeyano de la Galería Ro aparecen como un duelo de titanes; por eso, el historiador de arte José Emilio Burucúa, en el prólogo del catálogo se refiere a Plinio el Joven y Plinio el Viejo y sus historias sobre desafíos y competencias entre pintores. De allí el subtítulo de la muestra, pero en este caso, no hay tales contiendas sino respeto mutuo.
Maestros del grafito, la carbonilla, van desplegando cada uno su conocimiento de la historia del arte, su visión personal y su destreza, en el caso de Alonso, la línea delgada, vibrante, tranquilizadora, conmovedora en «Quién soy», donde aparece su admirado y eterno Spilimbergo. O una línea más cargada, trágica, grotesca, en «Manicomio», con figuras como la de Van Gogh, otra constante en su obra, y en «Contra la corriente», los personajes que van tumultuosamente hacia otra galería de personajes más estáticos en cuyo extremo aparece Roux abrazado a un torso. Roux luce severo y en otras secuencias, Alonso lo instala de espaldas y de frente ante un fragmento de lo que el artista considera «la obra de su vida», un mural que pronto será mostrado al público.
En cuanto al friso de Roux, los personajes pertenecen a la commedia dell'arte, encapuchados, cargados de ropajes, con máscaras y abanicos, escultóricos, atmósfera sombría en la que el humor no está ausente cuando Roux se ubica entre las figuras o se ve su mano pintando la escena en un rincón del cuadro.
Una estética que abreva en el clasicismo y no hace concesiones a la moda, siempre pasajera. Ambos artistas se rinden homenaje, en algunas secuencias se pintan uno a la manera del otro. Ambos citan a sus artistas paradigmáticos y dan su visión del mundo. Es una extraordinaria conjunción de estéticas disímiles que converge en una obra viva, plena de humanismo. Es ambos artistas hay que admirar su capacidad para seguir sorprendiéndonos, no sólo por su virtuosismo sino por su trascendente contenido. (Paraná 1158, hasta fines de enero).
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