17 de enero 2002 - 00:00

"ALTA VELOCIDAD"

«Alta Velocidad» («Driven», EEUU, 2001, habl. en inglés.) Dir.: Renny Harlin. Int.: S. Stallone, B. Reynolds, K. Pardue, R. S. Leonard y otros.

L as películas de carreras de autos son un género prácticamente abandonado. La gente ya ni siquiera se acuerda demasiado del gran clásico en la materia, «Grand Prix» de John Frankenheimer, el film que unió a gente tan heterogénea como Yves Montand, Juan Manuel Fangio y Toshiro Mifune, y que sin su formato original de pantalla ancha pierde gran parte de su gracia, lo que sucede cada vez que se vuelve a pasar en la TV argentina.

En los '80, Tony Scott cuidó especialmente la estética tipo «Meteoro» de su subvaluada «Días de trueno», uno de los títulos favoritos de Tarantino del cine norteamericano de aquellos tiempos. Pero difícilmente «Alta velocidad» pueda convertirse en favorita de nadie, no por no mostrar impresionantes escenas de carreras sino a que el guión, del propio Stallone, no logra sostener con mínima cohesión la típica cháchara melodramática que en todas estas películas rellena las secuencias de carreras.

En un raro gesto de modestia Stallone no se permitió convertirse en un Rocky de la Fórmula 1. Si bien su personaje participa en las carreras, es el segundo corredor del equipo regenteado por un inescrupuloso empresario inválido encarnado por Burt Reynolds, que lo contrata para recordarle a su joven estrella que, en su negocio, cualquier error puede llevarlo de inmediato fuera de las pistas para siempre.

Kip Pardue
es el exitoso pero vacilante principiante que, siguiendo las lecciones de vida de Stall one, descubre que es más importante triunfar como ser humano que como corredor de autos. En el medio -ugh!- hay un triángulo amoroso y algún que otro apunte sobre el pan y circo automovilístico.

Todo eso generalmente es bastante descartable, y por momentos llega a lo insoportable. Sobre todo en los lentos y primeros 40 minutos de película, largo tramo de metraje sin casi nada excitante desde los coches. Cuando las cosas podrían ponerse seriamente preocupantes, Renny Harlin comienza a desplegar su indiscutible talento -mostrado por ejemplo en su excelente film con Stallone sobre alpinismo, «Riesgo total»- por lo que las cosas mejoran y hasta llegan a ponerse realmente buenas.

Fugaces

El problema es que las imágenes brillantes que aparecen en algunos de los mejores momentos de carreras, en especial el imaginativo tratamiento visual de los accidentes y las visiones subjetivas de cada corredor en las situaciones más extremas de la competencia, duran apenas segundos. El vuelo de un neumático desde que es arrancado de un auto, pasando por arriba de medio autodrómo para aterrizar como un proyectil en medio del público es uno de esos flashes que ayudan a recomendar esta película, pero hay que avisar que por cada uno de de esos brevísimos despliegues de cine puro hay al menos 10 minutos de diálogos y actuaciones sin gran interés, excepto cuando Reynolds despliega toda su maldad. Lo que ayuda a equilibrar un poco las cosas es la excelente banda sonora a cargo de BT, acompañada de una de las mejores mezclas de sonido del cine reciente, que fusiona el rugido de los motores como si fueran un instrumento más de la música tecno del soundtrack.

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