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Estamos frente a una discusión abierta que, segura y afortunadamente, no tendrá punto de acuerdo. Este enfrentamiento pone por un lado a los músicos de jazz que prefieren atarse a las tradiciones y seguir creando a partir de los « standards» y los pertenecientes a generaciones más jóvenes, que están atreviéndose a mostrar sus propias composiciones. Aunque es probable que lo que se estén disputando, en realidad, sean los espacios físicos y simbólicos que existen para mostrar el propio trabajo.
También es una suerte que esta discusión siga abierta porque eso permite una dinámica en el jazz argentino, una cantidad de artistas tratando de aprender y superarse, y un movimiento -de conciertos, de edición de discos-que no tiene parecido en el pasado. Dentro de esta nueva camada de músicoscompositores hay que incluir al guitarrista Leo Alvarez. Formado en la escuela de música de Avellaneda, fue parte de la agrupación de Mariano Tito Jr., de la BAC Big Band y de otras formaciones. En 1996 decidió empezar a ponerse al frente de sus propios conjuntos -en cuarteto, en quinteto, en sexteto-y mostrarse en los escenarios del gobierno de la ciudad y en los clubes de jazz porteños. Y, finalmente, aparece con su propio disco que presentará el 1 de mayo en Notorious. Para este CD, Alvarez reunió nueve temas propios, originales, y armó un cuarteto que se completa con Pablo Raposo en piano, Pablo Carmona en contrabajo y Claudio Risso en batería.
Y como, más allá de las disquisiciones apuntadas al principio, el jazz se define en buena medida por los músicos que tocan e improvisan, el disco tiene allí su plato fuerte; porque a los buenos intérpretes citados se suman, como invitados en distintos tracks, el trompetista Juan Cruz de Urquiza y el saxofonista soprano Juan Manuel Alfaro.