La muestra «Arte y Política en los '60", que la Fundación Banco Ciudad presentó la semana pasada, depara sensaciones fuertes. La experiencia no es fácil y sin embargo, si se tiene en cuenta el numeroso público que desde el día del vernissage llena las salas de Palais de Glace, podría decirse que su exhibición llega en un momento oportuno aunque deja un saldo doloroso.
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Se trata de un fragmento de la historia del arte argentino que hasta hoy sólo se conocía parcialmente. La exposición, que arranca en 1958 con el impulso desarrollista de Arturo Frondizi y culmina en 1973 con el mandato de Cámpora, presenta obras particularmente intensas que reflejan la violencia de una época signada por la inestabilidad democrática.
El panorama abarca desde la recalcitrante retórica del arte social hecho para las masas del grupo Espartaco, hasta las sutil complejidad del conceptualismo de Víctor Grippo. Aunque en general las expresiones son elocuentes, hablan en casi todos los casos de modo muy explícito del tormento físico y moral. Entre las más de 100 obras, 40 afiches, y objetos variados, como publicaciones de época y libros que llevan el sello de la censura, están las bocas amordazadas de Carlos Heredia, los cuerpos distorsionados de Juan Carlos Distéfano, los excluidos del sistema de Antonio Berni, la « Famila Obrera» de Oscar Bony, las batallas urbanas de Diana Dowek y la representación del caos nacional en los trabajos de Luis Felipe Noé.
Casi se respira el clima opresivo de esos años. Y pese a todo, el curador de la muestra, Alberto Giúdice, con la colaboración de Magdalena Paga no, logra mantener un tono desideologizado y didáctico, donde cada obra está acompañada por carteles con sus correspondientes referencias históricas.
Las conclusiones corren por cuenta del espectador. Lo sorprendente es la potencia y el grado de desarrollo que alcanzó en esa década el arte político, acaso porque en las artes visuales tuvo una manifestación llamativamente tardía si se coteja con la literatura. Artistas como Antonio Seguí, Carlos Alonso, Noé, León Ferrari, Pablo Suárez, Carlos Gorriarena, Juan Carlos Romero, Margarita Packsa u Horacio Zabala continúan de algún modo cercanos a esa línea, pero en ese momento sus obras rozaban el límite de la acción política.
El mejor ejemplo es «Tucumán arde» que podría confundirse con una manifestación obrera, y en ese mismo orden se inscriben las «Urnas» de Edgardo Vigo, «Sin título» de un irreconocible Julio Le Parc, el cartel y manifiesto de Roberto Jacoby, la instalación de Mercedes Esteves y Mari Orenzans y las dos impactantes obras ubicadas en una sala especial: «Celda» de Gabriela Bocchi y Jorge Santa María y «Made in Argentina» de Ignacio Colombres y Hugo Pereyra, versión artística del invento de Leopoldo Lugones hijo.
•Anuncios del porvenir
Vistos en restrospectiva, los carteles de Packsa de 1968, con la palabra «justicia» desnivelada, así como el «Señalamiento» de Vigo que ese mismo año alteró el funcionamiento de los semáforos en la ciudad de La Plata creando un verdadero caos, se perciben como anuncios del porvenir.
El criterio estético está subordinado al documental, pero a pesar de su dramático mensaje, la belleza de las esculturas de Distéfano, el collage de Alberto Greco o las pinturas de Juan Pablo Renzi o Jorge de la Vega ofrecen algo así como un respiro en un recorrido que merece más de una visita si lo que se busca es revisar la historia a través del arte.
En todo caso, el arte político, tendencia que predominó en la última Bienal de Venecia que premió la obra del alemán Gregor Schneider abiertamente referida a la guerra, y se consolidó en Documenta de Kassel este año, desapareció del escenario artístico argentino casi por completo durante la década del '90 y lo que va del siglo. Las tendencias subjetivas dominaron estos años y tal vez por esta razón, son los artistas jóvenes quienes muestran mayor interés en la exposición.
Si bien en estos últimos años los extranjeros John King, Liisa Roberts y Mari Carmen Ramírez o las argentinos Ana Longoni, Andrea Giunta y Marcelo Pacheco abordaron el tema del arte político en diversos textos, el único antecedente que tiene esta muestra -aunque acotado-, es «Cantos Paralelos», que Ramirez presentó en el Museo de Austin, en Texas, y que nunca llegó a la Argentina.
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