12 de enero 2002 - 00:00

Aparece la otra vida de Bogarde

Dirk Bogarde
Dirk Bogarde
Londres-Dirk Bogarde llegó a estrella siendo aún bastante joven. Una de sus mejores películas sería «Portero de noche». La verdad es que, para ser un actor, es decir, alguien obligado a vivir la mayor parte de su vida a la vista de todo el mundo, sir Dirk Bogarde fue un personaje enormemente celoso de su intimidad. En parte, ese anhelo de intimidad se explica por su actitud paranoica a la hora de hablar de su relación con Tony Forwood, con quien compartió su hogar durante casi 40 años.

Bogarde empezó su carrera de ídolo popular en su país los años '50, en el papel de Simon Sparrow, el elegante médico de la serie «Doctor in the House», antes de aceptar papeles más exigentes en películas como «Muerte en Venecia», «El sirviente» y «Portero de noche».

Antes de morir, prendió fuego a la mayor parte de sus papeles, sus fotografías y sus cartas, entre los que figuraba, para decepción general, un diario que había escrito durante su visita a Belsen (pequeña localidad del noroeste de Alemania donde los nazis levantaron un gran campo de concentración y de exterminio) inmediatamente después de la liberación de este lugar en 1945. Bogarde había pasado por una traumática experiencia bélica, en parte responsable de su personalidad reservada y sensible.

Ahora, dos años y medio después de su muerte, el 8 de mayo de 1999, a los 78 años, se ha hecho público que dejó a su sobrino Brock una enorme colección de películas caseras, grabadas desde finales de los años '50 hasta mediados de los '70.

Las películas, todas en color, muestran escenas de su vida con Forwood y los muchos momentos de ensueño de los que disfrutó en el ámbito privado con otras estrellas del cine, tales como Elizabeth Taylor, Judy Garland, Jean Simmons, Michael Wilding y Gregory Peck, que lo iban a visitar a sus casas de Buckinghamshire y Sussex. «Dirk me las entregó hace unos 12 años, cuando volvió a Inglaterra después de vivir en Francia», contó Brock, quien ha mantenido el Van den Bogaerde del apellido familiar (fue Tony Forwood quien le sugirió a Dirk que se lo cambiara por el más sencillo de Bogarde).

Bogarde
y Forwood residieron en Francia desde principios de los años 70 y ya no regresaron a Gran Bretaña hasta 1987, cuando Forwood se encontraba gravemente enfermo de un cáncer del que murió 6 meses más tarde. Se habían trasladado a la Provenza porque, en aquella época, Bogarde estaba mucho más solicitado para trabajar por los directores de cine europeos, aunque también para huir del agobiante régimen fiscal de Gran Bretaña.

«Dirk nunca quiso volver a ver aquellas películas caseras después de la muerte de Tony»
, dijo Brock. «Ver esas películas le habría resultado muy doloroso: demasiados recuerdos de Tony. Dirk iba a deshacerse de ellas, pero creo que me las confió a mí porque yo le hice ver que me interesaban».

Albacea literario

Brock, que trabaja actualmente en el área de la producción de cine, es también el albacea literario del actor y el principal beneficiario de su herencia. Hace algunos años dispuso que todas las películas se transfirieran a soporte digital para su mejor conservación, aunque no fue sino hasta que la BBC se puso en contacto con él, el año pasado, a propósito de un documental sobre Bogarde, cuando otras personas, aparte de sus familiares más próximos, se enteraron de la existencia de esas películas. Algunas secuencias pudieron verse como parte del documental que la BBC programó el 26 de diciembre.

El propio
Brock vivió en casa de Bogarde, cerca de Grasse, en la Provenza, en 1975, cuando se filmó el último rollo de esas películas caseras. Brock se fue allí al término de su etapa escolar en Inglaterra. Con 18 años por aquel entonces, pasó 9 meses con Bogarde y Forwood, trabajando en el olivar que ambos tenían, mientras asistía a clases de francés en Cannes.

Fue más o menos por aquella época cuando
Dirk Bogarde empezó a escribir «A postillion struck by lightning», primero de sus siete volúmenes de memorias. Sin embargo, esas memorias no confiesan jamás a las claras la auténtica naturaleza de las relaciones entre el actor y Forwood. Al igual que en las entrevistas periodísticas, Bogarde se refería en sus libros a su compañero íntimo como «mi representante» o, en raras oportunidades, como «mi compañero». Sin embargo, en su vida cotidiana, para Bogarde Forwood era Tote, apodo que se cree que le venía de que el actor pensaba que su compañero era «totalmente divino». Sin embargo, siguen siendo un secreto los detalles precisos de su relación.

Brock
puntualiza que, en la casa de Francia, cada uno de ellos tenía su propio dormitorio aparte, y describe el de Forwood «con un aspecto como más infantil, con un osito de peluche encima de la cama». Según la expresión francesa que él utiliza, la relación Bogarde-Forwood era un «mariage blanc» (matrimonio blanco, sin sexo). John Coldstream, que trabaja en estos momentos en una biografía de Bogarde, está de acuerdo con esa afirmación. «A decir verdad, fue en eso en lo que terminó convirtiéndose», añade, «aunque de lo que no estoy seguro es de cómo empezó. De lo que no me cabe duda es de que la suya era una relación de gran compañerismo y de profundo afecto».

La pareja se conoció en octubre de 1940, cuando
Forwood, que había ido a ver a Bogarde en una obra de teatro en Amersham, se presentó al actor tras la representación.

Si bien no cabe duda de que
Bogarde era, por encima de todo, homosexual (tuvo sus líos de más joven), Sheridan Morley, el primero de los biógrafos de Bogarde (no autorizado), reconocía que «si abrieras el armario de Dirk, lo más probable sería que te encontraras dentro un par de botas de jardinero». Es más, en un programa de TV, cuando a Bogarde lo interrogó sobre su sexualidad su amigo Russell Harty, que también era homosexual, el actor replicó: «Yo sigo encerrado en mi concha y tú todavía no has conseguido abrirla, querido».

Con Ava Gardner

Las películas caseras permiten asomarse a lo que Brock llama, con absoluta propiedad, «otro mundo, otra época, repleta de encanto, por cierto». Sus invitados, tanto en su casa de las afueras de Amersham como, más adelante, en la de los Downs, de Sussex, y, posteriormente, en la de la Provenza, eran siempre las más destacadas estrellas del momento.

La mayor parte del metraje de estas películas son grabaciones realizadas por
Forwood, que, al término de la II Guerra Mundial, había empezado a trabajar en el mundo del cine, aunque también el propio Bogarde rodó secuencias desde la ventanilla abierta del Rolls Royce en el que Forwood llevaba y traía a su compañero de los estudios cinematográficos. Existen secuencias de una Judy Garland de aspecto triste, junto con Bogarde, en una hamaca; hay otra de Ava Gardner con un perro.

Unas cuantas de esas películas caseras muestran a la actriz italiana
Capucine, que mantuvo estrecha amistad con Bogarde, tan estrecha que sus responsables de relaciones públicas estaban encantados de que la prensa creyera que entre ellos había un apasionado romance. Cualesquiera que fueran sus auténticas relaciones, esas películas caseras muestran a Bogarde y Capucine chapoteando juntos en la piscina o en el lugar de rodaje, en Austria. En una de esas películas en las que aparece Capucine, la cámara pasa del jardín exterior al interior de la casa. Allí, sobre una mesa, se ve una pila de revistas y, entre ellas, el último número de «Mirabelle». En la misma película puede verse incluso la portada de esa revista con una foto de Bogarde y las siguientes palabras: «El soltero más codiciado de Gran Bretaña. ¿Encontrará alguna vez el verdadero amor?».

«Hay que recordar que en aquellos momentos, fines de los años 50 y principios de los 60, Dirk fue elegido el segundo personaje más popular del mundo, no sólo de Gran Bretaña»
, añade Brock.

En las películas también aparece Forwood de vez en cuando, un hombre apuesto, con una pinta magnífica, aunque Brock tiene muchas más fotos del compañero de Bogarde. Hasta los padres del actor hacen su aparición en las películas, sobre todo, en una en particular, rodada en 1970, en la que se lo ve con su madre.

Esa secuencia se grabó en Venecia, cuando el actor se trasladó allí para hacer el que muchos consideran su mejor film,
«Muerte en Venecia». La película casera muestra a madre e hijo en un canal. Se supone que la escena debió de ser captada por Forwood.

Brock
está absolutamente seguro de que Bogarde habría querido que esas películas se exhibieran ahora. «Creo que él sabía que, algún tiempo después de su muerte, esas grabaciones saldrían a la luz pública», señaló. «Siempre dio a entender que no le importaba lo que ocurriera cuando hubiera muerto. También dio a entender que le tenía sin cuidado que se escribiera una biografía oficial o no. En realidad, en cierta ocasión me dijo que yo terminaría hablando con el autor de su biografía».

Bogarde
, a decir de Brock,era un hombre emotivo a quien «se le podía hacer llorar con facilidad». Influido por el matrimonio no muy feliz de sus padres y por un padre distante, y profundamente marcado por sus experiencias en la guerra, Dirk Bogarde volcó su capacidad de compasión en la pantalla.

Algunas de sus actuaciones, muy en especial en
«Víctima», película que rompió moldes, realizada a principios de los '60, sobre el tema de un homosexual casado que se ve obligado a llevar una doble vida, y posteriormente en «Muerte en Venecia», con su reprimida adoración por un adolescente, demostraron hasta qué punto el propio dilema de Bogarde le permitía una mejor comprensión de los papeles que encarnaba. También tuvo una extraordinaria capacidad para traspasar sus sentimientos y preocupaciones a la pantalla.

Ahora bien, el deseo de
Bogarde de mantener en secreto su vida íntima le acompañó hasta el último momento de su vida. A Brock le pidió que no se celebrara ningún funeral tras su muerte. Sus deseos se vieron cumplidos. El año pasado, Brock llevó las cenizas de Bogarde a la que fue su casa de campo de la Provenza. Decidió esparcirlas en el mismo lugar en el que Dirk disfrutó de tantos años de felicidad con el hombre que, sin lugar a dudas, fue el amor de su vida: Tony Forwood.

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