Arbós: "Hay un cine de autor que sólo espanta al público"

Espectáculos

A punto de estrenar en Buenos Aires su segundo film, «Campo de sangre», sobre un famoso crimen pasional ocurrido en La Pampa, Gabriel Arbós, joven veterano del cine criollo, habla con este diario sin pelos en la lengua:

«Acá perdimos el público», asegura « porque, por un lado, hay demasiado cine de autor, mal hecho, y por el otro, falta un cine de género, popular, como «Nueve reinas» o «El mismo amor, la misma lluvia». A mis alumnos siempre les digo: 'Si quieren hagan cine arte o cine de autor, pero que yo lo entienda. Que lo entienda el gran público. Cuenten historias sencillas, aprendan a filmar, no a discursear'. Es mejor que sean buenos ayudantes de dirección o de producción y no realizadores sin manejo del oficio. Quieren debutar. Pero debutar a los 24 años es un suicidio. Para seguir, debés tener mucha suerte, o alguien que te mantenga».

Periodista: Hay otras formas. Pero hablemos de usted.

Gabriel Arbós: Fui a la Panamericana de Arte, y enseguida enganché sucesivamente como pizarrero, ayudante de dirección, y asistente, en «La noche de los lápices», «Otra historia de amor», «La historia oficial», las tres primeras de Marcelo Piñeyro; más de cuarenta, entre rascadas y obras importantes. He visto mucho. Y algo hice. Por ejemplo, para «Caballos salvajes» logré armar una estampida de 400 animales, y en apenas media hora hacerlos volver de nuevo frente a las cámaras para una nueva toma, porque me organicé con cuatro baqueanos con handy. Pero jamás pretenderé decir que le hice la película a alguien. Sólo ayudé a que el resultado fuera más armónico y se mantuviera dentro del presupuesto.

P.: ¿Y cómo nació su última película como director?

G.A.: Estaba en Santa Rosa, presentando mi primera película («Carlos Monzón, el segundo juicio»). Me invitan a un asado, y, frente a las achuras, alguien dice: «Vamos por partes, como dijo Ronzatti», y todos soltaron la carcajada. Ahí me enteré de un militar que en tiempos de Onganía descuartizó a su mujer para quedarse con su amante. Es que si un militar se separaba, no hacía carrera. Eso no lo inventé yo. Entonces, un militar separado era lo mismo que un ateo. Todos conocían la historia, pero en distintas versiones: que la chica era de 25 o 18, etcétera. Pero coincidían en que el hombre era seductor, pulcro y antiperonista a muerte. Igual, terminó preso. Pero -ésta es una coincidencia maravillosa- nadie en La Pampa cree que haya muerto de un paro cardíaco en la cárcel, como dice la versión oficial. Al contrario, creen que salió en el '76 con documentos fraguados. «Mirá que por ahí te tocan la espalda y es Ronzatti», me decían. Hoy tendría 76 años. Y lo peor es que caducó todo.

P.:Y entonces decidió llevarla al cine...

G.A.: ¡Era una historia fantástica, y encima tenía todos los decorados regalados! La Casa de Gobierno, el palacio municipal, todo. Entraba en cualquier dependencia oficial, preguntaba por el depósito, y ahí estaban los muebles, por ejemplo. ¡El escritorio que aparece en la película, el velador, son los mismos que usaba el tipo! Sólo mentimos el auto: en vez de un Chevrolet conseguimos un Valiant 67, en perfecto estado. Fue un trabajo maravilloso: tapamos semáforos, cambiamos la dirección de las calles, impusimos peinados, La Pampa volvió a ser la de aquel tiempo, cuando todavía no había televisión, aunque ya había juicios orales (precisamente, ése fue el primero). El elenco me llena de orgullo: José Luis Alfonzo, Gabriela Salas, Jimena Anganuzzi, Arturo Maly, Alicia Zanca, García Pintos... Y el público respondió: en dos semanas logramos 12.500 espectadores, 500 más que «Papá es un ídolo». Ahora, la estreno acá. Algunos dirán que es una obra limitada, sangrienta, sin mensaje, pero yo nunca me propuse que fuera una película artística. Francamente, quise hacer algo comercial y popular. Creo haberlo logrado.

P.: Un consejo.

G.A.:
Rodearse de buenos técnicos. Por ejemplo, cuando hay cero presupuesto, cada actor aparece vestido como quiera. Pero un buen vestuarista, con ese cero presupuesto, va a la casa del actor y le separa la ropa que conviene al film. Mucha gente desconoce ese ABC del trabajo. Pero aclaremos: técnicos buenos y al mismo tiempo baratos, no hay. La banda de sonido de «Tango feroz» es excelente, porque la hizo un supersonidista.

Dejá tu comentario