16 de febrero 2026 - 11:50

Arrancó la Berlinale, con diez días de cine y discrepancia sobre cómo entender lo político de su tradición

En su edición 76, la Berlinale reafirma su tradición política y su apuesta por el cine de autor en una ciudad que marcó la historia del séptimo arte.

La capital alemana vuelve a convertirse en epicentro del cine mundial, en una edición atravesada por tensiones geopolíticas y estrenos de fuerte contenido moral.

La capital alemana vuelve a convertirse en epicentro del cine mundial, en una edición atravesada por tensiones geopolíticas y estrenos de fuerte contenido moral.

Entre el 12 y 22 de febrero Berlín desarrolla su consagrado festival internacional de cine, en una ciudad clave en la historia del séptimo arte. Los realizadores alemanes - Fritz Lang, F.W. Murnau, Wilhelm Pabst, Ernst Lubitsch - enseñaron cómo mover la cámara hace cien años. El arte y la tecnología de la imagen audiovisual no serían lo mismo sin la contribución alemana, que a partir de los años veinte del siglo 20, transformó a Hollywood, a través de artistas, técnicos que se instalaron allí.

Este año la Berlinale celebra su edición 76, cultivando la misma vocación política con la que nació durante la Guerra Fría, aunque ahora sean otras las causas y sus protagonistas. La Berlinale fue una plataforma en celuloide para el cine rodado en los países satélites de la Unión Soviética hasta su implosión, apoyando a cineastas críticos del comunismo. Después de la caída del Muro en 1989, el festival se reorganizó geográficamente, mudándose a Potsdamer Platz, el centro remozado del Berlín de la pre-guerra. La mirada atenta se volcó a las cinematografías de las tres Chinas, Irán y América Latina, celebrando siempre el cine de autor.

El manejo del festival fue estable y consistente – sólo tres directores entre 1951 y la pandemia del 2020 – contando con el apoyo económico de la ciudad y el “land”, o provincia, de Brandenburgo. En 1978 abrió el European Film Market, y en las últimas décadas se pusieron en marcha una serie de iniciativas de colaboración económica y profesional, como el World Film Fund, el Talents campus y el mercado de coproducciones, con una generosa política de subsidios y promociones.

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Este es el segundo año de la nueva directora, Tricia Tuttle, una crítica nortemericana con mucha experiencia programando festivales como el de Londres. Se consolidan en esta edición los cambios implementados en la anterior: algunas secciones han desaparecido, y hay otras nuevas, como Perspectivas, dedicada a operas primas.

Allí se vio Hangar rojo, un film chileno, coproducido con nuestro país e Italia, dirigido por Juan Pablo Sallato, un productor de cine y televisión del país hermano. Adaptó a la pantalla Disparen a la bandada (2022), la crónica de Fernando Villagrán, un oficial aeronáutico puesto a cargo de “liquidar” la primera ola de activistas detenidos por el golpe de Pichonet en una base aérea en las afueras de Santiago, luego detenido y finalmente exilado político. Rodado en blanco y negro, con una estética de televisión, cámara en mano y predominio de primeros planos, Hangar rojo evita el melodrama, el discurso político partidario y se concentra en el dilema moral del protagonista. A quienes como esta cronista recuerdan la época, a través de los diarios y las noticias televisivas, la película es un vívido salto atrás de cuarenta años. Para las generaciones jóvenes, no hay contexto político al que asirse, aunque emerge claro el conflicto entre el deber, la conciencia y la obediencia debida. Habría sido ésta la intención del director y su equipo, – y no el sermoneo ideológico.

Lo político sigue irrumpiendo en el festival. Este año es la situación en Irán, donde la vulnerabilidad de la teocracia islamista ha quedado al desnudo, con una represión que ha producido miles de muertos y encarcelamientos de intelectuales y artistas, acusados de propaganda contra el estado. Maryam Moghadam y Behtash Sanaeeha , los directores de la notable y alegórica My Favourite Cake, film en competencia en el 2024, han pagado con su libertad, haber rodado esta película en condiciones casi clandestinas.

Manifestacion por Cuba

La primera andanada ocurrió el día de apertura, cuando un periodista en la conferencia de prensa del Jurado, preguntó por qué los siete miembros no denunciaban a Israel y al apoyo dado por el gobierno alemán, en el ámbito de la Berlinale, que no “trascurre en un vacío político”. El director Wim Wenders, presidente del Jurado, contestó con aplomo que la misión del festival no es hacer el trabajo de los políticos. “El cine puede cambiar el mundo, pero no de manera política”, contestó. “Ninguna película ha cambiado las ideas de los políticos. Pero lo que sí puede es cambiar son las ideas de la gente sobre cómo vivir”, añadió. “El cine tiene el poder increíble de ser empático”. A raíz de su contestación, pronto viral en las redes sociales conectadas al festival, la escritoria india Arundhati Roy canceló su participación en Berlinale Classics, denunciando la respuesta de Wenders como ataque a la causa palestina.

Aprovechando la visibilidad que da el festival, en la central Potsdamer Platz, un grupo pro-cubano y pro-Maduro despotricaba hoy con altoparlantes, banderas y pancartas contra el gobierno nortemericano. El festival ya tomó velocidad de carrera, sin que la lluvia y la nieve desanimen al público cinéfilo de Berlín que colma sus salas de cine.

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