Miami - «La turbulencia de los mercados financierosno ha tenido gran efectoen el mercado de arte», según afirma Sam Keller, director de Art Basel Miami Beach (ABMB) desde sus inicios en 2002, que deja su puesto para dirigir la Fundacion Beyeler de Suiza. Esto se pudo comprobar en las ventas de los remates recientes, en las galerías tanto de Londres, París o Nueva York, y ahora en esta feria en la que se muestran obras de 2.000 artistas, cifra que es sólo una fracción de lo que exhiben las galerías.
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La influencia de ABMB ha transformado a esta ciudad, sinónimo de sol y diversión, refugio de jubilados, en un centro cultural importante desde el distrito de Winwood donde se han instalado galerías y colecciones de primer nivel como la Fundación Cisneros Fontanals (CIFO), Margulies, Rubell, el Design District, hasta la Freedom Tower en el centro de la ciudad, y donde se prevé para 2011 la inauguracion del Miami Art Museum (220.000.000 de dólares mediante) diseñado por Herzog & de Meuron. En el norte de Miami, el Museo de Arte Contemporáneo está llevando a cabo su ampliación para duplicar su espacio a un costo de 18.000.000 de dólares.
Como puede comprobarse, los proyectos están a la orden del día y muchos artistas están regresando, las artes visuales están resurgiendo y, lo más importante, el mundo del arte se ha convertido en un punto de conexión entre las distintas etnias, por lo que se puede hablar de multiculturalismo como algo real.
Volviendo a la sexta edición de ABMB, intervinieron 200 galerías (en nuestra opinión, un número excesivo), de EE.UU., Canadá, Europa, Latinoamérica, Asia y Africa. Es imposible enumerar artistas y galerías en esta muestra de arte. Sam Keller sugiere que debería dejar de llamarse « feria», ya que es un acontecimiento en el que se combina lo comercial y lo cultural.
Según la opinión de coleccionistas y curadores, entre ellos, Gary Tinterow, curador de Arte Moderno del Metropolitan Museum de Nueva York, y de Malcom Daniel, del Departamento de Fotografía, la obra ofrecida era de mayor calidad que la del año pasado. Aunque no hay cifras exactas, trascendió que una foto de Andreas Gursky se vendió en 900.000 dólares; que una obra reciente de Jake & Dinos Chapman alcanzó 1.300.000. Las ventas de arte moderno fueron muy importantes: Picasso, Mondrian, Leger, Miró, Magritte, varios expresionistas alemanes; por caso, una acuarela de Emil Nolde fue pagada 500.000 dólares.
Una buena estrategia fue situar a las galerías que ofrecían arte moderno con las de arte contemporáneo, si se tiene en cuenta el punto de vista didáctico, porque todo pareciera haberse iniciado con el arte contemporáneo.
Encontramos rarezas como «Las Hijas de Dada», un conjunto de artistas osadas, Beatriz Wood, Clara Tice, entre otras, relacionadas con Marcel Duchamp, que fue su mentor y del que también había obras que no aparecen usualmente en el mercado.
La orden del día eran obras gigantescas, rápidamente compradas para casas de coleccionistas que ambicionan sean consideradas categoría museo o esculturas como la de Jaume Plenza que se vendió en 1.650.000 dólares. Hubo gran interés por obras de artistas muy establecidos como Sigmar Polke, Eric Fischl, Cy Twombly, Rauschenberg, Andy Warhol, Man Ray o Manolo Valdez, de quien se instalaron extraordinarias esculturas en un parque público.
Pero las opiniones son contradictorias respecto a las ventas porque, como señaló Keller, «lo que se comercia en Art Basel es un asunto privado entre el galerista y el coleccionista. No podemos garantizar que los precios que se informan a los medios sean los correctos y las ferias que dan información de los precios de venta no son serias».
En cuanto al fenómeno chino, los artistas contemporáneos que ya aparecieron en el mercado hace casi una década, son altamente codiciados y cotizados. Reflejan la influencia occidental, los cambios de la sociedad, se inspiran en las tiras cómicas japonesas («manga»), e ironizan sobre el rápido enriquecimiento de la nueva generación.
Entre los artistas latinoamericanos destacados están los argentinos Fabián Marcaccio y Pablo Siquier; José Bedia (Cuba); Ricardo Rendon (México); Sandra Cinto y Marepe (Brasil); Miguel Angel Rojas (Bogotá),
No estuvieron ausentes lo político, lo kitsch, lo escatológico, más propio de bienales que de ferias, ante lo que uno ingenuamente se pregunta ¿quién puede comprar este adefesio?. De allí que a veces es incomprensible la decisión a la que arriba el comité de selección, muchas veces arbitraria, en la que se deja afuera a galerías de prestigio y con muchos años en el mercado.
En fin, un tema que trae mucha tela para cortar, en el que el «arte» tiene que ver con el impacto que produce, el status que significa ser coleccionista, todo aquello que se mueve alrededor del arte y que da trabajo a muchas personas, amén de las cifras millonarias en dólares, muy lejanas de las de nuestras latitudes.
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