1 de marzo 2001 - 00:00

"¿Arte? Yo trabajo para poder vivir"

Rodolfo Ranni.
Rodolfo Ranni.
(28/02/2001) Una semana después de cerrar la temporada de verano en Mar del Plata, Rodolfo Ranni se dispone a estrenar, ahora en el Metropolitan de Buenos Aires y por sólo seis semanas, la comedia «Adelante mi coronel» que representó en el Neptuno. También se prueba el delantal de «chef» para un nuevo programa de televisión (lo reemplazará al español Karlos Arguiñano) y prepara las valijas para irse a Europa.

Como en Mar del Plata, Silvia Montanari y Antonio Grimau son sus compañeros de elenco en la comedia que dirige Santiago Doria. Siguen en su agenda dos coproducciones cinematográficas que filmará en España entre abril y mayo, en una de las cuales compartirá cartel con Imanol Arias.

Periodista: La temporada de verano no lució muy floreciente. ¿Qué balance hace usted?


Rodolfo Ranni:
Fue una temporada durísima. A nosotros nos fue bien, sobre todo en la segunda quincena de enero, que hubo más gente. Pero casi todos estaban sin plata, y se notaba. Ahora, hay otra contra: los espectáculos gratuitos reventaron al teatro. El otro día cantó Soledad gratis para no sé qué cantidad de gente; ese día el público no pagó y fue a comer pizza.

P.: La obra tiene algunas escenas audaces entre usted y Antonio Grimau. ¿Cómo reacciona el público?


R.R.:
En este momento, para el estreno en Buenos Aires, corremos con una desventaja que es que la gente que ya la vio la comenta; entonces, el que viene por primera vez, aunque no sabe cuándo va a ocurrir, está esperando esa escena, y nosotros tenemos que prestar mucha atención para no estar pendientes también.

P.: ¿Es difícil concentrarse?

R.R.: Es una comedia que, si no está trabajada con mucho rigor, se corre el riesgo de hacer un mamarracho. Si se hace algo convencional, la historia que uno cuenta perdería su esencia. Corremos el riesgo de que la gente sabe lo que pasa, pero tenemos a favor que no sabe cuándo. Igual, es una comedia para estar atento, porque el persona-je funciona de una manera, y la cabeza de uno funciona por otro lado, y aunque la gente apoye, no tiene que suceder que uno se tiente. Es una pieza muy complicada, tampoco es una gran comedia, es una «comedieta». Que nosotros la hagamos bien es otra cosa.

P.: Que a uno de los personajes masculinos se lo perciba casi todo el tiempo como una mujer hizo que algunos críticos hablaran de ella como si quisiera dejar un mensaje sobre la transexualidad.


R.R.:
Están equivocados, la comedia no plantea ese tema. Esto es un gran chiste que no quiere dar ningún mensaje. Nosotros no pretendemos hacer ninguna apología de nada; es lo que es, y nosotros tratamos de hacerla divertida. No es una tesis, es una comedia y nada más. Como mucho, quiere decir que nadie es lo que cree que es, y nadie es lo que los demás creen que es, y así sucesivamente.

P.: ¿En qué medio se siente más cómodo?


R.R.:
Hago lo que venga, la verdad, no tengo preferencias. Ninguno de esos medios es «mi vida». En realidad, nada es mi vida del trabajo. Trabajo porque hace falta. Si pudiera quedarme en mi casa y no ir a trabajar, sería el hombre más feliz del mundo. Puedo prescindir totalmente de mi trabajo como cualquiera.

La gente trabaja esperando alguna vez no hacerlo y hacer otra cosa. Sé que soy bastante atípico en ese sentido porque los actores, en general, hablan mucho y largan frases sobre el arte, sobre la necesidad de expresarse, de dar un mensaje. A mí, si no me pagan, no me divierte nada.

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