18 de febrero 2023 - 00:36

Gaby Herbstein: "El mensaje es lo más importante"

Como es frecuente en artistas y creadores, Gaby admite que le cuesta hacerse cargo de que tiene una carrera tan prolífica como exitosa.

Gaby Herbstein
Gaby Herbstein

En pleno Art District de Miami, la galería The Black Tower, con la curaduría de Lucía Cruz, expone por estos días tres series de Gaby Herbstein, la extraordinaria fotógrafa y artista visual argentina.

La Diablada (2008), Estados de Conciencia (2013) y Aves del Paraíso (2017) con el que publicó su primer libro, son momentos diferentes en su carrera, por lo que el asombro al ver la selección de cuadros colgados en una hilera que recorre todo el espacio de la muestra, se le nota en los ojos.

Como es frecuente en artistas y creadores, Gaby admite que le cuesta hacerse cargo de que tiene una carrera tan prolífica como exitosa. Digamos, que ha hecho tanto. Por eso los primeros minutos de la entrevista permanece parada a un metro de la puerta, contemplando todo. “Me cuesta mirar para atrás” desliza un rato más tarde, y se dispone a la charla.

Periodista: ¿Cómo fue que empezaste a plasmar esta clase de imágenes, como las que aparecen primero acá, que forman parte de Aves del Paraíso?

Gaby Herbstein: Cuando comencé a virar hacia lo puramente artístico, me acuerdo que les dije a los diseñadores de moda ‘hoy no vamos a hacer moda. Hoy vamos a hacer arte’ y me miraron paralizados (…) pero me alucina cuando todo un equipo vibra en la misma frecuencia y entonces no sólo soy yo la que sabe lo que hay que hacer, sino que todos lo siente conmigo.

P.: Okey. Pero no cabe duda de que esta imagen está lograda con algo de tecnología. ¿En qué medida usás software para tus obras?

G.H.: Bueno, en realidad todo lo que hago está montado y fotografiado. Yo no ilustro, o sea, trabajo en mi estudio recreando lo que se ve en la foto.

Además hay un tema de época. Cuando hice Aves del Paraíso o incluso con Estados de Conciencia, no existían las tecnologías que hoy se usan para intervenir la creación analógica humana.

P.: Claro, pienso en artistas como Joss Monzoni, que primero bocetan algo, luego lo pasan a la computadora y usan imágenes creadas con inteligencia artificial, en programas como Midjourney, y después imprimen.

G.H.: ¡Totalmente! Pero eso es muy nuevo, muy de ahora, y si bien tengo un proyecto entre manos con el que sí pienso trabajar con tecnologías actuales, yo amo montar todo con mi equipo, en el que trabajan un montón de personas, y el momento mágico ocurre un segundo antes de que haga clic.

Es cuando nos paramos delante de lo que vamos a fotografiar y decimos ‘lo logramos’. En todo lo que ves, lo único que usé en post producción fue Photoshop para generar collages, o retocar defectos mínimos. Lo demás, está ahí, muchas veces construido especialmente para la foto: escenografías, vestuarios, cielos, objetos… y los trucos son todos creados a mano, o en forma analógica.

En definitiva, trabajo con puestas escenográficas, como en un teatro negro en el que lo que se ve y lo que no, está todo montado para la toma directa. Si mirás por el ojo de la cámara, ves exactamente lo mismo que ahora está puesto en la pared.

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Para quienes pensamos con mentalidad tecnológica, el peso de lo artesanal en el trabajo de Herbstein resulta casi inverosímil, a sabiendas de que, hoy, los dispositivos digitales y los sistemas informáticos al alcance de todo el mundo permiten trucar cualquier clase de imágenes. Pensemos, por caso, en los Fakes e incluso Deep Fakes (videos completamente trucados en los que hablan personas que no existen y nunca existieron, o que sí vivieron pero jamás dijeron lo que parece que dicen, y así).

Pero Gaby cuida como sus tesoros más preciados todas sus cámaras analógicas. Tiene guardados los lentes que usaba desde que comenzó su carrera, en perfecto estado, todo en el estudio en Paternal, allí donde despliega su talento mucho más cerca de las artes escénicas que de la fotografía tal como la entendemos en este siglo, léase, cruzada por celulares, selfies, redes sociales, y repetidas hasta el infinito con dudoso valor artístico.

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Buena parte de la entrevista transcurre mientras miramos algunas fotos de Estados de Conciencia, evidentemente una obra que significó para ella plasmar su búsqueda de respuestas acerca de la dimensión espiritual del Ser Humano.

“En casa de mis padres éramos ateos, entonces no recibí una formación el cuanto a lo espiritual. Así que estudié Kabbalah durante diez años y de allí me fui abriendo a todas las religiones y creencias, y encontré muchos puntos en común. Así que en esta obra lo que muestro es que elevar tu estado de conciencia forma parte del camino espiritual de cada persona, y es un trabajo introspectivo, porque mientras más adultos nos hacemos, colocamos capas racionales sobre nuestra esencia, que no nos permiten luego conectarnos con nosotros mismos (…) con eso que éramos cuando nacimos, según los chamanes”.

P: ¿Pero más allá de todo esto que está detrás de las imágenes que vemos, no prevalece la estética, es decir, el resultado que obtenés, desde el punto de vista de la imagen?

G.H.: No, siempre el mensaje es más importante. O sea, cuando junto a este chico con esta chica -señala uno de los cuadros de Aves del Paraíso- la idea no es que quede lindo, ni balanceado, ni nada. Si no, decir algo.

Siempre tengo la intención de transmitir un mensaje, que, obviamente, puede diferir respecto de lo que le llega a quien observa. ¡De hecho, me encanta la mirada de los chicos, cuando se acercan a un cuadro y me dicen ‘esto significa tal cosa’ y yo los miro maravillada y les respondo que sí, por supuesto, aunque no se me haya ocurrido jamás esa interpretación!

P: Claro. Es que la gran incógnita de la comunicación, en tanto proceso simbólico, es cómo llega un mensaje. En qué medida lo que alguien quiere transmitir, hace sentido en el destinatario… Y te juro que ponerle palabras a lo que hace un artista plástico es verdaderamente un desafío.

G.H.: -Se ríe a carcajadas- ¡Bueno, yo te cuento cuál es mi búsqueda, mi intención! A ver, todo está flotando en el aire. No comparto la idea de que alguien es creador, sino que cada persona tiene una mirada de las cosas. Yo tengo una herramienta, que es la fotografía, con la que expreso lo que me está pasando, y la forma en que veo el mundo. Pero el mundo está ahí, para mí como para el resto de los mortales.

P: Pero parece estar claro que vos ves algo que los demás no vemos…

G.H.: Okey, pero no por eso es necesariamente mejor.

P: Bueno, en todo caso funciona en el mercado artístico más que las fotos que puedo sacar yo, o alguien que, a lo mejor, no tiene tu talento. De hecho, cuando un nombre se vuelve una marca, como en tu caso, eso significa que hay gente que ya confía en lo que vos vas a mostrar, porque lleva tu firma.

G.H.: Sí, es cierto. Ahora, mi estilo es no tener estilo. Yo jamás me repito, no hago nunca lo mismo.

Una vez, un galerista me dijo ‘vos nunca le pidas a un modelo que mire a cámara. Encuadrá así, poné la cámara acá, y entonces vas a vender más’.

Yo no lo podía creer. Me quedé mirándolo y no sabía qué responderle. Porque, ¿entonces, qué soy, artista o qué?

No, me gusta sentir que con cada proyecto empiezo de cero.

P: Claro pero tenés que considerar que de cero empieza alguien de veinte años, digamos.

G.H.: Sí desde luego tengo experiencia, trayectoria. Admito que me cuesta tomarlo en cuenta. Hace poco hice un trabajo para National Geographic, Creer para Ver, en el que me metí en lugares increíbles, retratando y entrevistando personajes de culturas y creencias de lo más diversas, y realmente sentí que era un salto al vacío.

Lo que digo es que, supongamos que llego a lo que podríamos llamar consagración o éxito… lo que viene después es ir para abajo, porque buscaste complacer a los demás antes que ser auténtico. El artista que se mantiene en un recorrido que vale la pena es el que no se traiciona. Entonces, este documental del que te hablaba, viene a cuento de la búsqueda espiritual que comencé antes, y la profundiza.

Y mañana será otra cosa, qué se yo.

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Nubia Abaij y Lucía Cruz se unen a la conversación. Respectivamente, representan a The Bright Foundation, que impulse el Festival Latinoamericano de Arte y Cultura Hispanoamericano, y a la galería.

Ellas se entusiasman con los primeros pasos que Gaby está dando en Miami, donde cada vez hay más interés por el arte latino. “Ahora viene el mes de la mujer, en el que vamos a mostrar el talento de mujeres artistas latinas de la mano de cada consulado -explica Abaij- y en esto es destacable el trabajo de Juliana Hecker responsable de la promoción cultural dentro del consulado argentino- para que hoy la obra de Herbstein esté exhibida aquí. Realmente ellos les dan espacio a cada representante de la cultura de su país, y no todos trabajan con el mismo empeño”.

Lucía, por su parte, deja claro que las puertas de la galería están abiertas a las iniciativas artísticas que representan las culturas de México para abajo, ni más ni menos que en un pedacito de Estados Unidos donde el español es el idioma dominante en la comunidad.

“De pronto hay artistas extraordinarios en nuestros países pero que en Estados Unidos no son conocidos. Bueno, la Fundación y la galería se dan la mano en la misión de promover esos talentos, sobre todo porque aquí, en Miami, nos unimos quienes estamos orgullosos de nuestras nacionalidades, pero decidimos seguir nuestra vida en Miami”.

La muestra de Gaby Herbstein estará abierta al público hasta el 5 de marzo. Significa que visitantes de las más variadas nacionalidades y culturas podrán enterarse de lo que ella hace e, incluso, adquirir alguna de sus obras.

Un pequeño paso para Gaby, un gran paso para el arte argentino.

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