En la Galería Lirolay, centro neurálgico de la vanguardia en cuanto a la experimentación y renovación del lenguaje artístico, el 20 de noviembre de 1961 ocurrió un gran escándalo. Según Jorge López Anaya, el hilo conductor del desastre fue “un basural artísticamente montado”. Era la muestra “Arte destructivo”, ideada por Kenneth Kemble, artista que también se destacó como crítico de arte en el diario Buenos Aires Herald entre 1960 y 1963. Las adhesiones a esa muestra fueron escasas.
Silvia Torrás: el "basural" que hoy es un clásico
Fallecida precozmente en México, a los 33 años, la artista catalana radicada en Buenos Aires formó parte sustancial del movimiento informalista.
-
Abre el Taller-Legado de García Uriburu: archivo, obra y programa a diez años de su muerte
-
Jorge Pomar celebra 20 años de trayectoria en el arte público con 7:20 AM
Torrás. Su obra exaltó siempre el color,como puede apreciarse en las salas de la galería MCMC.
Residuos, basura, ataúdes, un sillón tapizado del que emergía lana, imagen que se comparó con el sexo femenino; paraguas negros que colgaban del techo, pinturas informalistas despedazadas y un sinnúmero de elementos siniestros que constituyeron la primera ambientación de arte experimental. Participaron Enrique Barilari, Olga López, López Anaya, Antonio Seguí, Luis Wells, Jorge Roiger (que fotografió todo) y Silvia Torrás, esposa de Kemble. Ese grupo se arrojó de cabeza hacia lo desconocido; en palabras de Kemble, fue “una idea descabellada, esas que conducen a mundos nuevos”.
Silvia Torrás, nacida en España en 1936, vivió y estudió en la Argentina; cursó las Escuelas de Bellas Artes, Belgrano y Pueyrredón, asistió al taller de Kemble con el que expuso en Peuser (1960), en Lirolay (1961), en la mencionada “Arte destructivo”; “El hombre antes del hombre” en el Museo de Arte Moderno (1962). También en los Premios Di Tella y Ver y Estimar, ambos en 1963.
Al separarse de Kemble dejó de pintar , se estableció en México y murió en Cuernavaca en 1970, a los 33 años. Algunas muestras la recordaron: “Love Story” en Van Riel (1979),en el Museo de Arte Moderno (2002), “Resplandor” en marzo (2019), con obras de 1960-63 en el Museo Sívori bajo la curaduría de Florencia Qualina, que en su presentación señaló que “dentro del mapa informalista de gran parquedad cromática, Silvia se destacó por emplear el color de manera exuberante, a partir de chorreados, sucesivas capas de pintura y pinceladas extensas”.
Florencia Qualina es otra vez la curadora de una muestra individual que se exhibe en la galería MCMC titulada “Juventud y alegría”, en “la importancia de sus amarillos, azules, verdes, rojos que vibran como tempestades de lava”. A propósito de su obra, Mujica Láinez escribió que “los elementos se funden en un luminoso desorden”. Es precisamente el color el que invade la sala y recordamos que es una necesidad vital, cuya acción no es meramente decorativa sino sociológica, ya que combinado con la luz se convierte en una necesidad humana. Una muestra reivindicatoria de una artista mujer alineada con el informalismo. Hubo algunas otras, pocas, que merecerían también ser recordadas, como Noemí Di Benedetto, Estela Newbery, Elena Tarasido. En momentos tan oscuros como los que se vive, es importante volver a ver las obras de Torrás que no han envejecido y hacen honor al título de la muestra.
(MCMC, Mariscal Castilla 2871. Piso 10 “A”. De acuerdo con las normas vigentes solicitar turno a: 4875 5805.)



Dejá tu comentario