5 de diciembre 2005 - 00:00

Artistas sin visibilidad lograron su propia feria

Vista de un sector de «Periférica», que reunió obras de distinto valor y que nunca llegaron al circuito del  mercado.
Vista de un sector de «Periférica», que reunió obras de distinto valor y que nunca llegaron al circuito del mercado.
Si algo dejó en claro Periférica, la feria organizada por artistas que cerró ayer en el Centro Cultural Borges, es que hay buenas obras que no acceden al mercado, y el gran poder expansivo de los grupos de autogestión. Algunos de estos colectivos, entre otros, La Baulera de Tucumán, Vox de Bahía Blanca, Motp de Mar del Plata, Casa 13 de Córdoba o los porteños Venus y Belleza y Felicidad, saben lo que es ocupar un lugar estratégico en ferias tradicionales, como arte-BA, que al cederles espacio les brindó visibilidad. Pero ante la ausencia de galeristas que los representen, decidieron utilizar su capacidad organizativa y montar su propio mercado.

Para sorpresa de los conocedores y hasta de los propios artistas, al levantarse el telón, quedó a la vista la magnitud de una inmensa producción, y una estética de filiación peculiar, que permanece oculta a los ojos del público. Así, rápidamente, nuevos nombres comenzaron a circular por el ambiente.

El primer comentario fue el elogio de la calidad de las obras y la inventiva del montaje, que convirtió el Cultural Borges en un espacio grato. Luego, se tornó evidente el afán de los coleccionistas por poner a prueba su entrenamiento visual, y comprar por poco dinero, lo que calculan va costar mucho más a breve plazo. Deporte que algunos practican en las provincias, donde el mercado y el coleccionismo no existen, «porque los galeristas no llegan», según revelan los artistas.

Por otra parte, la apertura a otras disciplinas que se conjugan con las artes visuales, como editoriales y sellos de música independientes, impusieron en Periférica una dinámica y público diferentes. Con su energía y actividad puesta al límite, estas redes de artistas-que se las arreglan con centavos-, consiguieron financiar su espacio de exhibición y se enorgullecen de autogestionar becas, intercambios, muestras en el exterior y comercializar su obra. Aunque no es lo ideal.

• Futuro

Luego de visitar la feria, nadie puede negar que la mayor parte de los expositores-jóvenes y entrados en años también-, salvo algunos talentosos, están en los inicios o la mitad de una carrera promisoria. Entonces, ¿cómo esquivar la pregunta sobre cuál es el futuro de estos artistas? Si instituciones como la Secretaría de Cultura nacional dedicaran sus esfuerzos y recursos a elevar su nivel de formación, para que la capacidad creativa y probada vocación-que ahora nadie puede ignorar-, alcance su madurez, la historia podría tener un final feliz.

El error de las instituciones gubernamentales es competir con
Periférica. En vez de ocuparse de las carencias, se dedican dineros públicos a descubrir artistas del interior que ya se «autodescubrieron» solos y tienen redes que fluyen caudalosas como torrentes. Se olvida que la obligación del Estado no consiste en mostrar lo que les parece interesante o lindo a los funcionarios de turno, sino en preservar nuestro patrimonio cultural y garantizar la tenencia en el tiempo de estos bienes. Es decir, estimular y apoyar el estudio y la formación artística en aras de la excelencia.

El espectáculo y las muestras brindan gratificaciones y conquistan el público, y ya hay empresas que patrocinan exhibiciones del arte del interior. Pero la cultura se adquiere con el estudio, y los programas educativos, becas y clínicas que suplen las carencias de las escuelas de bellas artes, se otorgan con cuentagotas. Este año se terminó la beca
Kuitca, una usina de pensamiento y creatividad, el único proyecto pedagógico del país pensado para «profesionalizar» el oficio del cual salieron jóvenes que hoy triunfan en el mundo.

¿Dónde se forma y perfecciona un artista? Parece mentira, pero la Argentina no tiene este lugar. Sin embargo, y pese a las dificultades,
Periférica demostró que el país está colmado de artistas. Muchos llegaron del interior, con obras donde predomina el pequeño formato y una estética mayormente ajena al discurso que impera en Buenos Aires.

Su espíritu bien podría rastrearse en el placer privado que depara hacer objetos bellos (aunque la pintura ocupa ahora un lugar privilegiado), que caracterizó la vertiente que surgió en el Centro Cultural Rojas durante la década del 90. Estética que coincide con la actitud de los artistas, quienes con un sentido epicúreo de la vida, suelen resignar su integración a un sistema del arte que los ignora o sienten ajeno, para cuidar las plantas que crecen en sus propios jardines. De este modo, los maestros de los artistas son sus propios pares, que transmiten su experiencia.

Los organizadores de
Periférica, Gustavo López, Ana Gallardo, Florencia Sabá y Gustavo Crivilone, sobre el riesgo de autocomplacencia que se genera en estos circuitos ajenos al sistema, reconocen que acaso la feria no sea el formato que más pertinente para ellos, y que hay errores que enmendar. Pero ante el éxito de esta edición, anuncian que volverán el año próximo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar