El domingo terminará la tercera edición del Festival de Cine del Gobierno porteño, con un saldo aceptable de público, pero muy mediano en calidad de películas. El sábado, a las 23 (es un festival para noctámbulos, por supuesto), se anunciarán los premios.
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Sigue llamando la atención, en ese sentido, el exceso de elogios que se han vertido sobre el cine coreano visto en la muestra (sorpresa: ahora la moda viene de allí, y de golpe quedó «out» el cine iraní, quién lo hubiera dicho). Ya opinamos sobre algunas. También vimos «L'amour», que no está mal, pero de la que se han visto cientos de títulos similares en las semanas de cine japonés o chino desde hace años en la Sala Lugones o en otros espacios. Parece mentira que muchos descubran recién ahora un tipo de cine que los orientales cultivan desde hace años.
La revista oficial del Festival se llama «Sin Aliento» y en ella se pueden encontrar perlitas divertidas: dicen, por caso, que Victoria Abril es muy viajera, y que trabajó en Japón a las órdenes de Nagisa Oshima. Pero la bella Victoria sólo tuvo que cruzar los Pirineos: «Max mon amour» se filmó en París, así que el viajero es el japonés Oshima. Otra: en el reportaje a Volker Schlöndorff le hacen decir que durante 6 años fue gerente de «un estudio». Seguramente el director de «El tambor» dijo cuál era ese estudio: los famosísimos Babelsberg, herederos de la UFA, que él ayudó a reflotar con capitales franceses y alemanes. También se lee por allí que Fellini, Antonioni y Visconti pertenecen a la «generación del '68».
Entre las visitas más simpáticas hay que volver a destacar al director Robert Young, que dio una charla de dos horas veinte a los estudiantes en la Ciudad Universitaria; y al actor Edward James Olmos. Después de esa charla, fueron a comer a la Costanera, donde por casualidad había un conjunto de mariachis, y se quedaron hasta las 2 de la mañana. El día anterior se habían ido al Tigre y se hicieron amigos del taxista que los llevó (no se sabe si fue el mismo taxista que tomaron cuando descubrieron que nadie los había ido a buscar a Ezeiza). Comieron pescado y, después, regresaron en democrático tren a Retiro.
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