5 de abril 2004 - 00:00

Avatares de la TV

• El normalmente muy atractivo programa «Polémica en el bar», en la edición del viernes Gerardo Sofovich debería borrarla de su videoteca y «Canal 9» de sus archivos. Fue desquicio, casi demencial que se dijo y afectó, ese al menos, la agradable popularidad que logró Samuel «Chiche» Gelblung en esa mesa de 5 charlistas de bar. Veamos las aberraciones sorprendentes Gelblung: «El juez es Dios, si no te gusta tu cara te puede llevar preso, te puede sacar tus bienes, tu libertad (Si esto fuera así en la Argentina mejor hagamos colas en Ezeiza para pescar primer asiento de avión, para irnos del país. Urgente.)

• Otra: «Del juez Mariano Bergés no se puede decir media palabra». (Es el de instrucción con récord fallos absurdos que dicta que son revocados por cámaras de apelaciones, superiores. Es el juez también es récord mundial en sumas de fianzas. Aplicó el absurdo de 10 millones dólares a un banquero extranjero por permitirle salir 5 días del país. Ni a Bin Laden le pondrían eso. fianzas pueden llegar 300.000 dólares en cualquier país. Si se necesitara más es un hecho tan aberrante al que no se le puede aplicar fianza para un acusado.) Es el mismo juez que la cámara le acaba dictar una revocatoria terrible dureza a un fallo suyo por impedirle concurrir a espectáculos a gente no condenada violando derechos constitucionales libre circulación. Y tan duro fue el fallo allí marcando ignoracia de temas judiciales penales que equivalía haberlo enviado de nuevo estudiar a la Facultad Derecho. El mismo Bergés tuvo otra revocatoria, escasos días después, por pésima aplicación de la «asociación ilícita» en el caso Soldán-Rímolo y le enseñó que el animador televisivo era imputado primario juez había dicho secundario) porque con su propaganda de la clínica mal habilitada fue «partícipe necesario» para que ésta hiciera ejercicio ilegal de la medicina, además aportó como pantalla el médico que conocía -y Rímolo no- del programa «Domingos de mi ciudad».

• La siguiente de Chiche: «Un juez (sonaba evidente que era el mismo Bergés) habría actuado 'contra Lucrecia Borgia' (que vendría a ser la Rímolo envenenadora o su madre) impulsado por quienes (podía suponerse que Luis Barrionuevo por el Club Chacarita) quisieron complicarlo por vía de un amigo». Con racionalidad Sofovich le dijo que si eso fuera cierto la nueva prisión dictada por Bergés con Rimolo «sería por venganza», algo inadmisible en un magistrado. Un «Chiche» Gelblung sorprendente agregó que Rímolo y presuntamente Soldán habían pagado 2.500.000 dólares a supuestos damnificados de la falsa clínica para terminar juicios civiles. ¡Más de 8 millones de pesos y la falsa médica no podía reunir 300.000 pesos para su fianza! Podría ser pero sonó rara esa afirmación... Cometió errores periodísticos, siendo él de alto nivel en prensa, como decir que la tan politizada Cámara Federal de Apelaciones II (politizada hacia la izquierda y hoy en su apogeo de arbitrariedades, de Martín Irurzun, Eduardo Luraschi y Horacio Cattani) «era muy justa y había liberado a Carlos Menem» cuando fue exactamente al revés. Fue la que arbitrariamente ordenó al juez Jorge Urso que dispusiera esa prisión y lo acusara de «asociación ilícita», barbaridad jurídica que en realidad corrigió la Corte Suprema de Justicia por un fallo para los anales que redactó Augusto Belluscio, no precisamente proclive a Menem, como también aclaró bien Gerardo Sofovich. González Oro tuvo el tino de decir que de ninguna manera las detenciones de Soldán y de nuevo -bastante arbitrariamente-de Giselle Rímolo iban a conmocionar el país pero también tuvo su gaffe cuando dijo que los «diputados responden a partidos políticos». En todo el mundo la casi totalidad de los legisladores llegan por un partido político, analizan apoyos en bloque, donan al partido parte de dieta. Que nuestros legisladores sean sobornables, inclinados al poder de turno, designadores de «ñoquis» es una miseria argentina, pero el mal no está en pertenecer a un partido.

• Sofovich salvó lo que pudo. Mencionó bien que un juez, como hizo Bergés, que dispone prisiones el viernes a la tarde, deja dudas si no hay riesgo -y no lo había en Soldán y Rímolo-de que huyan. No está ese riesgo y no es un asunto de extrema gravedad (aquí son estafas, circulación de medicamentos aunque hay médicos de por medio y puede cambiar todo en el juicio oral, y ejercicio ilegal de la medicina). Bergés queda siempre muy afectado por los bochornos que le hacen vivir continuamente por sus antijurídicos fallos las cámaras de apelaciones superiores al revocarlos.Quizás eso hayan pagado Soldán y sobre todo Rímolo, su madre, y con rareza hasta la recepcionista de la clínica y farmacéuticos que tal vez recibieron órdenes de preparados con recetarios médicos legítimos. Silvio Soldán puede ser culpable o inocente pero seguro que es culpable en una bajeza en cualquier hombre: difundir cartas sinceras de amor que le dirigiera una mujer como hizo. Se asemejó al profesor de equitación de Lady Di al que hicieron renunciar con desprecio sus compañeros de regimiento por haber mencionado y descripto encuentros de amante con la princesa y para peor después de muerta. Pero esta «polémica» del viernes mejor olvidarla, quemarla. Son buenos profesionales y deben volver al óptimo nivel que habitualmente tienen.

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