26 de noviembre 2004 - 00:00

Avatares de la TV

Se habrá atragantado Miriam Lewin en la mesa de Mirtha Legrand y no por el menú, que suele ser sabroso, sino por el vacío y la hostilidad que recibió de los presentes. Sentada junto con los periodistas Pablo Sirvén, Silvina Walger, Osvaldo Quiroga y Martín Caparrós, la cuestionada notera no logró, para su sorpresa, el apoyo corporativo de los colegas. La primera en preguntarle por la cámara oculta al cirujano Alberto Ferriols fue Legrand: «Miriam, ¿no te parece que con esa nota de mal gusto se les fue la mano? Invadieron la privacidad de una persona, destruyeron una familia, me pareció poco profesional». Lewin buscó en vano la mirada cómplice de los presentes y ante el silencio glacial intentó defenderse: «Al ser un consultorio médico pierde entidad de ámbito privado. Yo puedo mostrar los testimonios de las ex pacientes de Ferriols». Entonces fue Quiroga quien arremetió: «¿Qué tiene que ver eso con hacer públicos los ofrecimientos de sexo? Por medio punto de rating ustedes hacen cualquier cosa. ¡Tu programa es una porquería!». Sin apoyo, Lewin intentó defenderse pero fue inútil: dijo que la nota se había malentendido, que la idea original había sido denunciar mala praxis, que no buscan invadir la privacidad. Por supuesto, no convenció a nadie.

• Conmovió Juan Carlos Blumberg en el programa de Rolando Graña en «América», «Código penal», con un testimonio de la primera visita al lugar donde había estado secuestrado Axel. Junto a Facundo Pastor, Blumberg recorrió la zona, halló nuevas evidencias, elaboró hipótesis, saludó a algunos vecinos y cuestionó a muchos otros por su silencio. Hallazgo de este programa sobre todo en el abordaje, que pudo acompañar a Blumberg en un momento difícil pero sin invadirlo.

«Sangre fría» esperó hasta el capítulo final para ofrecer algo de lo que se había prometido durante toda la serie: terror e imágenes no aptas para impresionables. Lograda la escena con Nicolás Pauls, quien se autoamputa una mano y luego muere invadido por tarántulas (lograda para los que gustan de estas « exquisiteces», claro). El rating marcó 14.6 puntos para una serie que había debutado con excelentes 29.3, pero fue cayendo gradualmente al perder interés. Llegó a medir 11.3, su peor marca.

• «Puntodoc», en declive, insiste sin suerte en el estilo «Ser urbano». Enviaron a María Julia Oliván a patrullar las calles en busca de testimonios de «quienes viven de los semáforos». Copiándose de Gastón Pauls, que besa y abraza a todos sus entrevistados, Oliván se sentaba en el cordón a dialogar con un discapacitado que vendía entre los autos y se abrazaba con los limpiavidrios de Juan B. Justo y Santa Fe. Pero se la vio en su salsa cuando pudo patotear a dos policías que venían a sacar a los jóvenes obedeciendo, según explicaban, a denuncias de los vecinos. «¿Por qué los echa? Dé la cara, somos de la televisión» repetía, desoyendo que ya le habían respondido.

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