• Un diálogo de Chiche Gelblung y el comentarista de política Rosendo Fraga se transformó en una divagación de imprecisiones. Fraga escribió un artículo sobre la Argentina de los años '20 destacando una visita de un mes al país de Albert Einstein, en 1925, cuando sólo fue dos días a Uruguay y 5 a Brasil. Se sorprendían de la importancia mundial en ese entonces de la Argentina. Fraga expresó un dato difícil de corroborar en la precariedad de las estadísticas de esa época: que la Argentina representaba con su Producto la mitad de toda Sudamérica. Pero sin duda era una potencia mundial y es posible eso. Era el sexto país en el mundo por encima de Francia e Italia, por ejemplo. En 1930 era también el cuarto país en el mundo en cantidad de autos por habitante. En 1940, aun en decadencia, le produjo una gran desazón por el resultado financiero a Charles Chaplin, cuando el gobierno filonazi del presidente Ramón Castillo negó la exhibición del film «El gran dictador».
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• Pero se desmadró la cuestión cuando Gelblung preguntó por qué decayó tanto la Argentina. Fraga habló de «demasiada distribución desde radicales y peronistas». Culto, Gelblung le interrumpió con «¿no será que decayó nuestro producto exportable?». Es real. La Argentina potencia -el «granero del mundo», como nos decían- simbolizaba un país rico, consecuencia de que aún se suponía que el futuro sería de las naciones que tenían facilidad para producir alimentos. Cuando se descubrió la biotecnología y el riego artificial se conoció que se podían lograr alimentos hasta en tierras desérticas. Al país le bajaron el sueldo desde 1930 comprándole menos y eso encarnizó la lucha interna por el ingreso, devastando a la nación. Cada sector se aseguró su subsidio, su acceso a créditos blandos de la banca oficial para no pagarle, a estatutos de privilegio, a fondos de compensación, al empleo público exagerado. Malos políticos ayudaron en la caída pero el empujón inicial vino del exterior.
• Mirtha Legrand le hizo pasar un verano a Adrián Suar durante la entrega, el lunes pasado, de los «Cóndor de Plata» al cine argentino. Estos son los premios de la Asociación de Cronistas Cinematográficos que, más allá de que se compartan o no los criterios con los que se disciernen, son los únicos que se otorgan en la pantalla nacional, y por eso mismo suelen reunir en sus ceremonias (como la del lunes en el Maipo) varias figuras notables en lo que hace a la trayectoria. Sin embargo, el lunes no hubo cámaras de televisión, salvo los móviles de canales de cable. «Canal 7» dijo que iba a transmitir pero después no lo hizo (alegó dificultades técnicas por culpa del incendio parcial de la semana pasada). Pues bien, Mirtha Legrand, que defiende tanto a la televisión como el cine, se sintió molesta por este desinterés, y criticó duramente en público que se hiciera tanto barullo con la televisiación del «Martín Fierro» pero que a nadie demostrara interés por el Cóndor.
• Justo en ese momento, Suar subió al escenario y Legrand lo enfrentó: «Adriancito, ¿por qué no transmitió 'Canal 13' este acto? ¿Les pareció poco importante?» Sonriendo, Suar no tuvo peor escapatoria que responderle que «les habían ganado de mano». Nunca le dejaron tan fácil una respuesta a Legrand. ¿Quién les ganó de mano? Si no transmitía ni el canal oficial, y eso que un palco lo ocupaban las máximas autoridades del cine (el presidente y vicepresidente del Incaa, Jorge Coscia y Jorge Alvarez respectivamente). Obviamente, Suar no podía confesar la verdad: que los únicos premios al espectáculo que transmite «Canal 13» son los que entrega «Clarín», con un despliegue tal como para que el espectador vaya, poco a poco, identificándolos como los premios nacionales por antonomasia. También es esa la razón por la que Suar no avala con su presencia el «Martín Fierro», y no las supuestas diferencias que tiene con Aptra, cuyos integrantes se arrojarían a sus pies si él tan sólo les dedicara una sonrisa. Y de perfil.
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