Avatares de la TV

Espectáculos

Duró medio año la negociación, Daniel Hadad la tentó de todas las formas posibles (hasta dándole la conducción de los premios «Martín Fierro» por «Canal 9»), pero Mirtha Legrand terminó firmando con «América». Sus almuerzos volverán a estar en el aire desde el 8 de agosto, entre las 13 y las 14.30. Afortunadamente para el público, Legrand tiene un rating histórico que no es alto pero sí constante, lo que le permite libertad y calma para hacer un programa. Es decir, que ni está obligada a llevar chicos a cantar, ni a seguir media hora más o empezar antes, ni a ninguna de las artimañas a las que recurren Susana Giménez y Marcelo Tinelli a la noche, que no los desgastan a ellos sino a los espectadores.

• A propósito de Giménez, ocurrió lo que tenía que ocurrir: dejando de lado el habitual rumor de su futura partida de «Telefé», su abrupta caída de rating con respecto a «Showmatch» de Tinelli concluyó en un enfrentamiento entre ella y la medidora de audiencia Ibope, a la que acusó de perjudicarla. Según ella, no es posible que en tan poco tiempo haya perdido casi 50% de la audiencia, cuando al arrancar su programa vencía, aunque por pocas décimas, a «Showmatch» de «Canal 9». Dijo Giménez que ya le ha encargado a otras agencias de medición (aunque no homologadas), el seguimiento de su programa, para comparar esas cifras con las que difunde Ibope. No ésta la primera vez en que un programa de televisión se enoja con Ibope; sin embargo, a Giménez no la ayuda demasiado, en esta estrategia, el hecho de pertenecer a «Telefé», que es justamente el canal líder. En el pasado, cuando otras emisoras acusaban a Ibope, el argumento era siempre el mismo: que la agencia de medición favorecía a «Telefé».

Tuvo aciertos el debut de «Mujeres asesinas», el unitario de Pol-ka, que también con casos verídicos, reemplaza desde el martes a las 23 a «Botines» en «Canal 13». En principio, el rating aumentó ligeramente (de 12.8 de la última «Botines» a 13.9 de « Mujeres»). El capítulo inicial, titulado «Monja», trató el caso de una novicia que asesinó de 161 puñaladas a la pareja homosexual que la apaleaba. El primer acierto estuvo en la elección de las protagonistas -el elenco masculino no estuvo a la altura, empezando por el que hacía de fiscal en «off», cuyo engolamiento de viejo locutor parecía un chiste de Les Luthiers-: una contenida Eugenia Tobal (la novicia) por encima de Inés Estévez, que no siempre pudo tener a raya la exageración gestual de su desquiciado personaje. En ese sentido, estremecía más la pasividad de Tobal, aun en el momento de la masacre, que los raptos de violencia de Estévez.

• Pero, si alguien se llevó las palmas fue Claudia Fontán, siempre asombrosa desde su revelación en «El hijo de la novia», como una de los varios testigos que iban rememorando la historia ante el fiscal invisible, vale decir que tenían que hablar directamente a cámara. Salvo la trampa obvia y forzada de no revelar casi hasta el final quién mató a quién, aprovechando que tanto víctima como victimaria se llamaban Marta, el relato exhibió bastante sobriedad teniendo en cuenta la truculencia de los hechos. Lástima el innecesario y nada creíble discurso final del comisario horrorizado ante lo «peor que vio en sus muchos años de policía».

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