Media y comedia: Chiche Gelblung fumó la pipa de la
paz con Mirtha Legrand ayer en un almuerzo.
Mirtha Legrand y Chiche Gelblung no defraudaron las expectativas que generó su reencuentro. El programa, que tuvo un rating de más de 8 puntos ( duplicó al almuerzo con Roberto Lavagna), duró más de dos horas, ya que consciente de lo que tenía entre manos, Legrand se permitió «robarle» unos cuantos minutos a «Intrusos». Y se hizo imperdible en el momento mismo que apareció Gelblung y una serena Mirtha, tras establecer como tratamiento el tuteo, le hizo describir lo que vestía: un traje azul a rayas, camisa rosa fuerte, corbata verde brillante, medias en naranjas y azules. Ya en la mesa, mostraría accesorios tales como un amuleto para «la suerte y la virilidad» hecho de dijes, uno de los cuales era un pequeño pene. «¿Y te da resultado?», preguntó la anfitriona. «Por ahora, sí» fue la respuesta.
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El resto fue digno de una obra de teatro, espléndidamente actuada, cada uno seguro de sí, respetando el terreno del otro y sin perder estilo. Fue notable cómo Mirtha logró neutralizar el costado más intencionado de Gelblung. También cómo compitieron en rapidez. «Tuve el cerebro trabajando a mil revoluciones», confesó Mirtha al final.
La primera parte estuvo dedicada a recordar el origen de la enemistad. «¿Por qué publicaste aquella foto horrible mía? cómo te odié en ese momento». (Mirtha, refiriéndose a la tapa de «Gente» de hace 25 años y que ella dijo no haber visto, pero que le dolió mucho). No sin aclarar que «hoy con el fotoshop eso no pasa», él confesó haberse arrepentido de esa foto «porque en aquella época era muy pendejo y muy soberbio». Hubo también reproches por la escenificación que hizo Gelblung de ella acompañando en su lecho de muerte a su hijo Daniel. El se defendió diciendo que con eso quiso mostrar «tu costado humano, Mirtha». Lagrimeando, ella reconoció que lo que más la hirió fue que la escena era «tan igual a la realidad que creí que habías metido una cámara en mi intimidad». Por último, el «¡ Carajo, mierda! ventilado por Gelblung, y contrarrestado de nuevo con el argumento de «tu costado humano Mirtha». Aunque «muy avergonzada», Mirtha condescendió a que se emitiera el tape. El rating seguía subiendo.
Luego vinieron los elogios mutuos, entre ellos la afirmación de Gelblung de que ella cambió «la historia de la televisión argentina», cuando hizo «el velorio público» de su marido Daniel Tinayre en el primer almuerzo, varias semanas después de la muerte de éste. Y ella afirmó, entre otras cosas, que «si tuviera un canal de televisión, te contrataría para que vuelvas a hacer 'Memoria'».
Tal como estaba pautado, Mirtha le preguntó si había tenido un romance con su hija Marcela Tinayre. El respondió que eran muy amigos y que «Marcela el otro día se acordó de que Viale le pidió casamiento en casa». En el ping pong final, además de definir a Hugo Chávez como «'un loro tropical', como dice Fuentes, pero un loro jodido porque tiene mucha guita», o que desconfía de Michelle Bachelet «como de todas las mujeres que engordan y adelgazan todo el tiempo», halagó a Mirtha, quien hacía un rato ya se lo venía pidiendo expresamente, a pesar de que él ya la había calificado de «ícono de la cultura argentina, no sólo del espectáculo». Le dijo: «Te admiro por tu capacidad de trabajo, por tu sentido de la estética», y agregó: «Yo siempre le digo a las mujeres que se sienten viejas, cansadas, deprimidas, que tomen el ejemplo de Mirtha Legrand». En el cierre, del brazo, fumaron la pipa de la paz. «De ahora en adelante, amigos entonces... Pero vos no me agredas más. No digas más cosas desagradables de mí», dijo Mirtha. «Claro que no» prometió Gelblung.
El Gobierno sigue bajando el tono a la buena relación que cultivaba con los movileros de «CQC». En el último programa, Clemente Cancela persiguió a Néstor Kirchner, Julio De Vido, Alberto y Aníbal Fernández durante un acto, y se evidenció que el único que puede bromear con el movilero es Kirchner pues el resto se dedicó a ignorar las insistentes (aunque ya no incisivas) preguntas del notero. A todos les preguntaba: «¿Vio el programa de Mirtha Legrand, donde Lavagna acusó al Gobierno de pinchar teléfonos a la oposición?», pero nadie respondio. El único que jugó al oficio mudo con Cancela fue Kirchner, pues no emitió respuesta verbal alguna sino tan sólo gestos, señas y muecas: le tocaba la cabeza, fingía que le daría la mano para luego burlarse con un «Oso» o le abría y cerraba la ventanilla de la camioneta. El notero concluyó su nota saliendo disparado de cámara, tal como salió el Presidentea bordo de su helicóptero.
En otro segmento de «CQC» el tema fue la votación de los «Superpoderes» y la encuesta a los diputados que debían otorgar la media sanción final resultó tan dispar como disparatada. Claudio Lozano, fuera del Congreso, explicaba por qué se oponía de plano, un diputado radical admitía que votarían en contra pese a que con Domingo Cavallo habían votado a favor. « Cambiamos de parecer frente a los Superpoderes porque tenemos que hacer autocrítica, si no la hacemos nosotros...» se lamentaba. Díaz Bancalari se negó a responder a Daniel Malnatti por sentirse «cansado» pero rápidamente le improvisaron un living en el pasillo del Congreso. Osvaldo Nemirovsy no quedó muy bien parado en la entrevista: «Los Poderes especiales sirven, por ejemplo, para cuando se quiera dar aumento a los Jubilados y no habrá que pasar por la votación del Congreso». Pero Daniel Malnatti contraatacó: «Le doy otro ejemplo, ¿Qué tal si Alberto Fernández decide que el dinero para Educación cambiará de rumbo y servirá para pintar su despacho? ¿Podrá hacerlo?». Risueño, Nemirovsy sostuvo que la ley lo faculta pero que no sería ético. El movilero ofendió a un diputado cuando le entregó una tabla para lavar la ropa «Ya que no tendrán nada para hacer en el Congreso de ahora en más» y le regaló una flor a Nemirovsy para que hiciera las veces de florero.
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