Bella antología de Miguel Angel Zotto

Espectáculos

«Su historia». Tango x 2. Idea, coreog. y dir.: M. A. Zotto. Dir. Mus.: A. Linetzky. (Teatro Lola Membrives).

Para el bailarín y coreógrafo Miguel Angel Zotto parece haber llegado el momento de mirarse en su propio espejo y ver en él su pasado reciente. «Su historia», recala en fragmentos de obras anteriores en la primera parte y en «Tangos de la Cruz del Sur», su último show visto aquí, en la segunda. Metido de lleno en la estética multimedia, Zotto comienza su narración visual con un tango tradicional bailado junto a una de sus actuales partenaires Carina Calderón, detrás de un velo difuso, mientras las imágenes proyectadas y los textos evocan a aquellos que marcaron su arte tanguero: Rodolfo Dintel, Virulazo, Petrolio, Pepito Avellaneda, Ana María Stekelman y Juan Carlos Copes.

Más allá de este comienzo tributo, se encadenan en una suerte de «Antología Zotto» muchos de sus mejores trabajos anteriores («Perfumes de tango», «Una noche de tango» y «Tangos de la Cruz del Sur»). Allí se aprecia la evolución de Zotto como bailarín, que fue enriqueciendo su danza siempre viril y sensual con el acopio de información y técnica de sus maestros ocasionales, de la danza contemporánea y teatral como la que prodigó Stekelman en «Jazmines», que significó una apertura para el bailarín y la consolidación de sus facultades tangueras.

Gestualidad y actitud, refinada creatividad, dinámica veloz y picardía porteña, humor y poder de observación para reflejar en la danza la efervescencia social y la captación sensible de la ternura del barrio construyen el andamiaje estético del artista, que siempre tiene excelentes acompañantes (aunque ninguna llegue a la altura de una Milena Plebs). En el gran compendio Zotto que es «Su historia» hay numerosos momentos memorables de este renovador del tango-danza, entre los cuales se destacan el comienzo de la segunda parte en la que un gaucho de la pampa se transforma, luego de su malambo, en el compadrito que entra en el arrabal porteño, según el emblemático pensamiento borgiano sobre esta transformación; los sets dedicados a Piazzolla-Ferrer, a la tienda Gath & Chaves con sus maniquíes vivientes o el «Violentando» danzado por toda la compañía, así como el gran final con las bailarinas manejando con habilidad masculina los fuelles del bandoneón.

Una eficaz orquesta de seis instrumentistas intachables, vocalistas como el excelente
Claudio Garcés o la meritoria María José Mantana y la actuación de José Angel Trelles en un innecesario «duende reo» que relata lo que los bailarines hacen y en un set como cantante donde brilla en «Los Pájaros Perdidos» de Piazzolla-Trejo, conforman el resto de la compañía.

Una escenografía virtual de
Tito Egurza, sobria y funcional, redondea un show que se beneficiaría con unos minutos menos.

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