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26 de septiembre 2006 - 00:00

"Bella" de Buñuel regresó al cine

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Manoel de Oliveira: el casi centenario director imaginó, y filmó, la continuación de «Belle de jour», el famoso film-escándalo de Luis Buñuel.
San Sebastián - A su edad, nada menos que 97 años, el portugués Manoel de Oliveira puede hacer lo que quiera. Su nueva ocurrencia es nada menos que una continuación de «Belle de jour», la famosa película de Luis Buñuel sobre una respetable señora que por las tardes trabajaba en un prostíbulo. Esta vez, Michel Piccoli, de nuevo en el mismo papel de hace 39 años, cree reconocer a la hermosa señora que hacía Catherine Deneuve (personaje ahora a cargo de Bulle Ogier). El cuento se llama, simpáticamente, «Belle toujours», y es también simpático, aunque pasó casi inadvertido entre la multitud de títulos que diariamente se presentan en las diferentes secciones del festival.

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Oliveira ya parece escuchar con cierta dificultad, habla un poco más despacio, pero todavía camina bastante derecho, conserva su altura, sigue haciendo una película por año, y se le avivan los ojos pensando en su próxima picardía. «La tengo en elaboración, así que no puedo decir nada, salvo que será un poco polémica, lo que no es malo».

Luego, para referirse a «Belle toujours», se expande en un largo, calmo, grato, y melancólico monólogo en portugués, indiferente a los esfuerzos de su traductora por interrumpirlo en algún párrafo. Ni falta que hace.

«Con el correr de los tiempos, las costumbres han ido cambiando. Eso muestro en mi película, como ya lo he hecho en otras. 'Belle de jour' escandalizó en su momento, porque Buñuel sabía representar los instintos más oscuros, la interioridad escondida que cada persona tiene, contraria a lo que muestra. El peso de los instintos, que a veces sobrepasan a la ética. Pero lo que antes escandalizaba, hoy se va aceptando, al menos en los otros».

«Antes, por ejemplo, los jóvenes solo podían casarse con señoritas vírgenes», continúa. «Si alguien quería elegir una que no fuera virgen, era desaprobado por toda su familia, y también por la propia familia de la señorita que no era virgen. Y la muchacha pura, debía serlo hasta el matrimonio. El joven debía esperar. En contrapartida, había unas casas muy lindas, muy confortables (digo esto no por mi boca, sino por la de compañeros míos que iban), donde había unas niñas muy agradables. Ahí se conversaba con una de esas niñas, se creaba cierta corriente de afecto, y cuando ésta se había creado, pasaban a una habitación aún más confortable. Angeles, llama el camarero de 'Belle de jour' a esas niñas, que venían a salvar la virginidad de otras niñas, que así después podían casarse». «Ese es un punto de evolución. Lo que antes era inmoral hoy es perfectamente aceptado. Hoy podemos contar con ironía la historia de una joven cuyo marido la devuelve a sus padres al otro día de casarse, precisamente porque es virgen. Le falta experiencia para ser una esposa», agrega el director.

«Antes» -otro ejemplo- «ningún film presentaba un acto sexual, porque se entendía que la vida privada no debe mostrarse. Como su nombre lo dice, es privada, no es algo público. Para quienes pensaban de otro modo había films pornográficos, que se veían en lugares privados. Buñuel nunca representó actos sexuales en público. A lo más que llegó, es a una escena donde alguien le toca el trasero a una mujer. Por cierto, una parte encantadora.»

Oliveira prosigue: «Yo también he sido muy discreto. Pero ya en 1972 los organizadores del Festival de Berlín objetaron mi película 'Benilda o La Virgen Madre', diciéndome que carecía de ' escenas interesantes'. Y desde mitad de los '70 (en Portugal, desde la revolución de abril) los films pornográficos empezaron a llenar las salas, mostrando públicamente algo privado. No me siento desplazado. Esas son modas. Con el tiempo, pienso que el cine porno dejará de llamar la atención, acabará por desaparecer. Buñuel, creo que pensaba lo mismo.»

Sobre el director de «El ángel exterminador», continuó Oliveira: «Creo que Buñuel era una persona, un espíritu, un temperamento muy moral, incluso muy ético. Como ejemplo, le cuento una anécdota que se puede encontrar en su autobiografía 'Mi último suspiro'. El detestaba la impuntualidad. Un día invitó a unos amigos a comer paella en su casa. A la hora indicada, ellos no llegaron. El entretuvo a su familia con unos cafecitos. Esperó. Los amigos llegaron, no tarde, sino tardísimo. No les dijo nada. Sacó la paella al patio donde iban a comer, sacó también la escopeta, y de dos tiros reventó la fuente de paella. Su ética le impedía descargar su enojo contra los invitados.»

Ahora Oliveira se detiene. La traductora hace lo que puede. Su ética le impide enojarse con un viejo, y no hay ninguna paella a mano.

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