8 de enero 2007 - 00:00

Bellas Artes: lento fin para acefalía de 3 años

Desde hace más de una centuria, el Museo Nacional de Bellas Artes es la piedra angular del arte argentino, el sitio donde se preserva, se escribe y se legitima su historia. Sin embargo, a pesar de su importancia crucial, luego de tres años de incertidumbre, recién en estos días comienza a vislumbrarse el destino de la institución.

El presidente Néstor Kirchner acaba de firmar un decreto que esperaba su aprobación desde 2003 (lapso que demoró la administración pública para cursarlo), que avala un cambio de diseño en la estructura del Museo, y posibilita el llamado a concurso para cubrir los cargos de director ejecutivo, curador artístico y director administrativo. Los tres cargos se concursarán este año y de las ternas seleccionadas por los jurados -que aún no han sido nombrados-, el secretario de Cultura de la Nación elegirá los ganadores cuyos mandatos tendrán una vigencia de cinco años.

Tras la partida de Jorge Glusberg y la renuncia del director interino Alberto Bellucci, el Museo quedó en manos de un comité asesor nombrado provisoriamente por José Nun, y presidido por el director de Patrimonio y Museos, Américo Castilla, funcionarios que -en los hechos-, tienen a su cargo la dirección hasta que se defina el concurso. Aunque la figura del «comité asesor» no existe en el organigrama del sector público, y aunque se podría haber concursado la dirección para sumarle luego los puestos de alto rango que el Museo merece, hay en la actualidad varias cuestiones formales que comienzan a aclararse.

Para comenzar, la nueva estructura diseñada durante la gestión de Torcuato Di Tella puede ser ideal, siempre y cuando se respete. Vale la pena recordar que en la década del '80 se creó el cargo de vicedirector con el objetivo de repartir responsabilidades, pero nadie ocupó nunca ese lugar. También en esa década se crearon los departamentos de museografía, restauración, investigación, documentación y registro de colecciones, biblioteca, administración, educación y acción cultural, que sí fueron cubiertos por concurso.

La novedad es que el director ejecutivo disfrutará del rango más alto de la función pública, con un sueldo que ronda los 7000 pesos.

Además, la creación de las direcciones artística y administrativa tiende a asegurar que la gestión ejecutiva no se transforme en el unipersonal de un malabarista, sino más bien en una dirección orquestal.

Así, el curador brillará o quedará en las sombras de acuerdo con su talento, pero podrá abocarse a su misión artística. La búsqueda de recursos (gran dilema del Bellas Artes y de todos los museos estatales), será un problema que deberá enfrentar el director ejecutivo.

El Estado concede una partida presupuestaria para la nueva estructura, pero de ningún modo asume la responsabilidad de sostener el Museo. Tema políticamente cuestionable que curiosamente no se discute. Se asume que dinero para los museos, sencillamente, «no hay». Esto aseguró Di Tella (que decía la verdad).

El presupuesto de 2 millones de pesos del MNBA apenas alcanza para sueldos y servicios, algunas exposiciones se montan gracias a patrocinios privados, pero para abrir las puertas todos los días, la Asociación de Amigos asumió el compromiso -en soledad-de aportar otros 3 millones anuales.

En este sentido, el decreto contempla formación de un Consejo Consultivo ad honorem, designado por el secretario de Cultura y propuesto por el director electo, compuesto por un representante de la Asociación Amigos, el director de Patrimonio y Museos y cinco miembros «que acrediten trayectorias destacadas en los ámbitos cultural, jurídico, económicos, financieros, entre otros».

En los grandes museos del mundo estos cargos (como el que ocupa Amalia Fortabat en el Metropolitan de Nueva York, Frances Reynolds y Nelly Arrieta en el MOMA o Mauro Herlitzka en la Frick Collection, entre otros), deparan un inmenso prestigio que premia la generosidad de donaciones y aportes financieros.

Ahora, ¿qué resultados se pueden esperar del concurso y la nueva estructura? En primer lugar, teniendo en cuenta el crecimiento vertiginoso del ambiente del arte en esta última década, resulta fácil conjeturar que aparecerán nuevos aspirantes para el cargo mayor, que tuvo a Irma de Arestizábal y Glusberg como protagonistas del último concurso. Luego, dado el perfil artístico y gerencial del director ejecutivo, muchos especulan erróneamente con la continuidad de la gestión de Castilla, sin advertir que su edad avanzada le impide concursar pues está en condiciones de jubilarse, aunque en el diseño de los perfiles puede continuar su acción.

Sin embargo, y con seguridad, las nuevas generaciones de funcionarios, críticos, curadores e historiadores del arte, tratarán de conquistar los nuevos cargos. Finalmente, sobre la expectativa de que el Consejo Consultivo amplíe el horizonte de patrocinios, es difícil augurar resultados.

Dejá tu comentario

Te puede interesar