31 de enero 2005 - 00:00

Berni, un arte y una lucidez irrepetibles

«La siesta y el sueño», una de las obras que integrarán la muestra de Berni, un artista difícilmente superable y también inteligente analista de la cultura de su tiempo, además de lúcido crítico de la historia del arte.
«La siesta y el sueño», una de las obras que integrarán la muestra de Berni, un artista difícilmente superable y también inteligente analista de la cultura de su tiempo, además de lúcido crítico de la historia del arte.
Este año se cumple el centenario del nacimiento de Antonio Berni, y el 11 de marzo, el Malba inicia la temporada dedicándole una exposición en la que presentará 50 de sus obras, junto a otras 50 de 20 artistas argentinos de su tiempo, entre otros, de Lino Enea Spilimbergo, Raquel Forner, Antonio Sibellino, Kenneth Kemble, Alberto Greco, Emilio Renart, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Juan Carlos Distéfano, Alberto Heredia y Pablo Suárez. El difícil objetivo de la muestra, a cargo de Adriana Lauría, es establecer «diálogos y fricciones, de ida y vuelta, entre Berni y algunos de los artistas que fueron sus contemporáneos durante 60 años de actuación» .

Luego de la última gran retrospectiva del Museo de Bellas Artes, que reveló el genio del rosarino ante los más de 350.000 espectadores que concurrieron a verla, parecía que nada faltaba descubrir. Pero cuando sus grabados y dibujos se exhibieran en el Museo de Arte Moderno, sus fantasmagóricos «Monstruos» en el centro Cultural Borges y el Malba, el envío a la Bienal de Venecia en el Centro Cultural Recoleta y varios de sus paisajes en el espacio Metropolitano, Berni demostró que su obra se resiste a envejecer, que es capaz de ofrecer algo más en cada muestra.

• Anticipación

Es probable que «Antonio Berni y sus contemporáneos / Correlatos», sirva para dejar en claro que el artista anticipó en Latinoamérica el surrealismo y la pintura metafísica, el pop y el hiperrealismo. Como advirtió él mismo: «Años después me di cuenta de que fui lo que se dice un primer adelantado».

Si bien es difícil que un artista argentino supere sus logros artísticos, desde su muerte, en 1981, hay un espacio que dejó vacante y que hoy se vive como una carencia: el del artista con formación intelectual que, por un lado, es capaz de oficiar de analista y vocero de las contingencias de su comunidad y, por otro, revelarse como lúcido crítico de la historia del arte del pasado y de su siglo.

Dueño de las virtudes de la oratoria y la escritura (que acaso desarrolló ante la necesidad de explicar una obra de avanzada y siempre de difícil comprensión para sus coetaneos), sumó a estas condiciones su carácter expansivo y una natural predisposición para defender la verdad a toda costa.

En 1978,
Berni previene a los artistas que ingresan como «polizontes» al circuito internacional, y explica con detalles cómo funciona el « sistema del arte» en «los países desarrollados»: el papel que ocupan los salones, las ferias de arte, el crítico y el marchand, «que hace una década se disimulaba detrás del artista y hoy se coloca al frente». Así, aunque no llegó a conocer la trascendencia que adquirieron los curadores, los forjadores de imagen o los agentes de prensa, describe con claridad el fenómeno de «lanzamiento» de los artistas al mercado, la importancia de «la publicidad», la «fama», las «formas sutiles de dictaduras transnacionales» de los medios, «las modas ficticias promovidas a escala internacional», y cómo se puede dar el caso de que la vanguardia esconda «una retaguardia enmascarada». Implacable, denuncialas «maniobras» de los «jurados secretos» de las galerías en los salones, y a los museos «promovidos por marchands y coleccionistas».

Desde el punto de vista estético, pone el arte de América latina en un pedestal, destaca que el Museo Metropolitan de Nueva York dedica varias salas al arte precolombino, y que el
«Guernica» de Picasso es deudor del muralismo mexicano. Defiende a su personaje Juanito Laguna, tratado de antihéroe por la encumbrada crítica Marta Traba, y le dice que «es un chico pobre, pero no un pobre chico», mientras la define a ella como una «pobre columnista», «desesperada por esconder el fantasma delator de su mala iniciación».

Lo curioso es que
Berni anticipa también que «en países desarrollados, cuidadosos del prestigio nacional, organizan, en museos o instituciones culturales, grandes muestras conmemorando el nacimiento o la muerte de un intelectual».

Según cuenta
Lily, hija del artista: «Para celebrar el centenario recibí varias ofertas de instituciones oficiales, pero fui a verlo a Eduardo Costantini, que estaba feliz de que se realizara en el Malba, e inmediatamente puso varios equipos de especialistas a trabajar en el proyecto».

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