9 de marzo 2004 - 00:00

Beytelmann jerarquiza ciclo de tango

• «VI Festival Buenos Aires Tango». Actuación de Gustavo Beytelmann (Teatro Colón, 1/3 y La Casa del Tango, 5/3).

Hace muchos años que Gustavo Beytelmann vive en París, pero su prestigio se extiende también a otros lugares de Europa. Nacido en Venado Tuerto, en sus comienzos estuvo cercano al rock nacional, estudió

música clásica, fue pianista de jazz, pero el tango siempre estuvo presente en su vida, y actualmente es director del departamento de tango del Conservatorio de Rotterdam. Su «modernidad» en este terreno fue siempre muy distinta a la de Astor Piazzolla, y los memoriosos recuerdan su participación en el excelente trío -con el que visitó solamente una vez la Argentina- que compartía con el bandoneonista Juan José Mosalini y el contrabajista francés Patrice Caratini.

No hace mucho Beytelmann estuvo en el país presentando algunas experimentaciones con la música electroacústica, y esta vez vino a participar del Festival de Tango.

Sus dos actuaciones estarán, sin duda, entre lo más original que sucedió en este sexto festival. Primero, tocó en el Colón -donde compartió el escenario con la Orquesta Escuela de Tango que dirige Emilio Balcarce-, y luego se presentó en La Casa del Tango, como cierre de un concierto de tres pianistas, que completaban Juan Carlos Cirigliano y Fernando Bruguera.

En términos generales, podría definirse a Beytelmann como un músico que improvisa a partir de piezas clásicas, pero su impronta es mucho más amplia. A lo largo de sus versiones de temas muy conocidos como «Los mareados», «Palomita blanca», la milonga «Corralera», «La cachila», «Nieblas del Riachuelo», desfilan los lenguajes más diversos: el jazz con sus armonías, las referencias a distintos estilos de la música académica del siglo XX. Pero todo sucede desde adentro del tango, por lo que nunca pierde la referencia con la historia del género. Rompe, deconstruye, abre los ritmos, juega en los límites de la forma; pero nunca pierde el rumbo, ni la «mugre», ni la filiación porteña de lo que toca. Un paso más allá aún está cuando presenta sus propios temas: una milonga que llamó «In memorian», en homenaje a los maestros, y «¡Sigamos!», una pequeña sonatina tanguera escrita especialmente para estrenar estos días en Buenos Aires.

R.S.

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