27 de diciembre 2005 - 00:00

Bien el Colón con ópera de Gazzaniga

La farsesca puesta en escena de Claudio Gallardou es uno de los hallazgos de la recuperación del Teatro Colón del poco frecuentado «Don Giovanni» de Gazzaniga.
La farsesca puesta en escena de Claudio Gallardou es uno de los hallazgos de la recuperación del Teatro Colón del poco frecuentado «Don Giovanni» de Gazzaniga.
«Don Giovanni». Dramma giocoso en un acto. Mús.: G. Gazzaniga. Lib.: G. Bertati. Dir. Mus.: G. Brizzio. Régie: C. Gallardou. Esc. Y vest.: G. Joubert. Ilum.: R. Conde. Opera de Cámara y ensamble orq. (Teatro Colón). Nueva función: martes 27/12.

La Opera de Cámara del Teatro Colón inició sus actividades en 1967, a partir de lo cual fue reconocida como uno de los emprendimientos más fértiles de las autoridades que planean la política cultural del primer coliseo argentino. Como muchas veces sucede, a pesar del éxito de la Opera de Cámara, cayó por muchos años en el silencio. A partir de 2003, volvió a programar sus temporadas teniendo en «El emperador de la Atlántida» otro éxito artístico.

Al margen de óperas contemporáneas como la citada, la Opera de Cámara se ha puesto como meta exhumar títulos poco frecuentados del repertorio como el que acaba de estrenar: «Don Giovanni», de Giuseppe Gazzaniga, dado a conocer en 1787, el mismo año en que Mozart estrenaba en Praga su «ópera de las óperas», con el mismo título y con un éxito mucho más perdurable que el de Gazzaniga. Musicalmente, no hay confusión alguna: entre la ópera de Gazzaniga y la de Mozart existe un abismo. Todo lo que en éste es originalidad en el tratamiento vocal, fertilidad melódica y pericia en el tratamiento instrumental, algo que la hacen fácilmente recordable (y admirable) en Gazzaniga suena a rutina, a música adocenada, con una elaboración asaz rudimentaria.

De todas maneras es obligación de una institución como el Colón darla a conocer con su ópera de cámara. A pesar de lo expresado, «Don Giovanni», que tiene su origen en la obra de Tirso de Molina, tiene algunas arias y ciertos ensambles valiosos, aunque hacia el final la ausencia de poder de síntesis la haga tediosa por tramos, justamente cuando todo el mundo presagia una conclusión ya anunciada. por tramos, La realización de la Opera de Cámara del Teatro Colón cuenta con un genuino trabajo en equipo, desde la dirección de Guillermo Brizzio al frente de un grupo de quince instrumentistas que lleva la obra con agilidad y riqueza de estilo, hasta la farsesca puesta en escena de Claudio Gallardou. El regisseur, junto al escenógrafo Gastón Joubert, imaginaron una gran carpa de circo, fácilmente transformable en habitación, calle o taberna, donde todo sucede en una clara atmósfera de ironía mordaz y los personajes parecen vivir en un mundo de saltimbanquis que narran dramas como en el antiguo circo criollo.

Trabajo grupal y equilibrado que incluye también el de las voces y las actuaciones del elenco (Luciano Garay, Laura Rizzo, Graciela Oddone, Leonardo Estévez, Adriana Mastrángelo, Alejandra Malvino, Eduardo Ayas, Carlos Sampedro y Juan Barrile). El mayor peso lo lleva el tenor Enrique Folger en el papel de «Don Giovanni» para el que tiene musicalidad pero le falta brillo y matices para trasformarlo en un verdadero «pecador» castigado por sus excesos sexuales y su regodeo con la muerte.

Dejá tu comentario

Te puede interesar