18 de octubre 2005 - 00:00

Bienal de arquitectos premió al francés Adrien Fainsilber

La Ciudad de las Ciencias y la Industria, la obra más conocidade Adrien Fainsilber, reciente participante de la Bienalde Arquitectura de Buenos Aires, que le concedió el granpremio a la trayectoria.
La Ciudad de las Ciencias y la Industria, la obra más conocida de Adrien Fainsilber, reciente participante de la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, que le concedió el gran premio a la trayectoria.
El arquitecto francésAdrien Fainsilber consagró su popularidad hace dos décadas con su conocida Ciudad de las ciencias y la industria, en el Parc de La Villette y su Geode, esfera metálica perfecta, en la que se reflejan los cielos cambiantes de la Ile-de-France. Por esa obra le fue otorgado el Gran Premio Nacional de Arquitectura. Es una de las diez grandes obras públicas por las cuales se llamó «Faraón» al presidente François Mitterrand, por su gran amor a la arquitectura. Su mano derecha y colaborador en esta acción fue el Ministro de Cultura Jacques Lang (estuvo en Buenos Aires, en el Museo de Bellas Artes para comentar esas obras, en 1998).

Entre esos hitos, que hicieron comparar al presidente con los egipcios, podemos recordar a La Tête de la Défense (del arquitecto Otto von Spreckelsen), el Museo del Louvre (Ieoh Ming Pei), el Instituto del Mundo Arabe (Jean Nouvel) o la Escuela de Música (Christian de Portzamparc).

Fainsilber
nació en Nouvionen-Thérache en l'Aisne en 1932. Su padre era médico y su madre, escultora, trabajaba en el taller de Antoine Bourdelle. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de París y un año antes de graduarse, en 1959, obtuvo una beca de estudio para la Academia Real de Arquitectura de Copenhague. Luego continuó en Europa del Norte y en los Estados Unidos una formación orientada hacia el urbanismo y el paisaje. En sus obras, asocia siempre ambas disciplinas. Es heredero del movimiento moderno, de un racionalismo que reconoce las influencias de Le Corbusier, del americano Louis Kahn y el finlandés Alvar Aalto. «Tuve la oportunidad de encontrar a Aalto en su estudio cuando diseñaba la casa de Bazoche, su única obra construida en Francia. Esa lección de arquitectura finlandesa me ha llevado a otorgarle más importancia a la creación de los espacios interiores que a la imagen de los edificios».

Esta herencia se pone de manifiesto en su trabajo sobre la transparencia y el diseño de espacios luminosos. Le interesan las relaciones con las obras, por eso dijo: «El gran placer de la arquitectura consiste en ver cómo se realizan y viven los espacio que uno ha concebido; ver cómo responden a la función para la que estaban destinados. También es necesario descubrir la luz que contribuye a revelar la magia del espacio».

Su presencia en Buenos Aires culminó con un gran premio a la trayectoria en la reciente Bienal de Arquitectura. El Museo de las Ciencias trataba de rehabilitar un edificio inacabado que debía albergar un espacio creativo en uno de los grandes mataderos del mundo y modificar su uso para convertirlo en el mayor museo científico de Europa. Fainsilber partió de una reflexión sobre el entorno y se planteó tejer relaciones privilegiadas entre el museo y el parque de La Villette donde ganó uno de los grandes premios Bernard Tschumi (Las Follies). Es también uno de los destacados arquitectos de hoy, y decano de la Facultad de Arquitectura de Columbia, Nueva York.

Fainsilber
llevó a cabo su diseño a través de tres elementos: el agua, la vegetación y la luz. El agua rodea el edificio principal mientras que la vegetación penetra en el interior del museo por medio de tres grandes invernaderos bioclimáticamente orientados hacia el parque. Ellos permiten controlar los aportes solares y recuperar su energía pero también hacer penetrar la vegetación al interior. El parque se convierte de este modo en la prolongación natural de los espacios de exposición.La luz natural que el programa museográfico identifica como «fuente de energía del mundo viviente», es difundida en el conjunto de los espacios para exhibiciones gracias a dos cúpulas de 17 metros de diámetro, que orientan la luz con un juego de espejos dirigidos por un cerebro electrónico programable, que permite múltiples escenografías.

La Geode con su piel lisa de acero inoxidable reposa sobre el agua en el cruce de dos perspectivas: el eje este-oeste del canal cerrado al oeste por la Rotonda de Ledoux y el eje norte-sur (puerta de La Villette, puerta de Pantin) que atraviesa el museo y el parque vinculando el Gran Hall y la Ciudad de la música. En su interior, un cine con proyecciones a 360º que envuelven al espectador. Durante la construcción de la obra, entrevistamos a Fainsilber quien mientras realizaba el Museo tuvo su estudio (una docena de arquitectos), en una barcaza anclada en ese canal. En el centro del edificio, el hall central es un espacio monumental de 40 metros de altura que llega a todos los niveles desde la entrada.

El agua que rodea el lugar y lo penetra, la vegetación, la luz y sus reflejos han sido temas recurrentes en otras de sus obras, como en el Hotel de Ville de la Fleche y en el Palacio de Justicia d'Avignon.

Instalado en un conjunto de edificios construidos entre los siglos XVII y XIX, el Museo de Bellas Artes de Clermont-Ferrand se ha convertido en un espacio moderno acompañado por un entorno urbano de calidad. En el extremo norte de la villa, en el sitio estratégico de las antiguas murallas, el museo ocupa una posición clave en el eje este-oeste de la ciudad y restablece además una unidad histórica al integrar una intervención contemporánea: la plaza deviene en «vestíbulo» del museo y sirve de preámbulo al paseo turístico del centro histórico donde las murallas se han puesto en valor. Es un museo de síntesis que reúne colecciones antes dispersas, y el recorrido no es un itinerario obligado, ya que la multiplicidad de accesos permite visitar cada sala separadamente.

Desplegado sobre tres niveles, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Strasbourg participa del dinamismo de la capital política y cultural de Europa. Su gran fachada de vidrio y su techo inclinado hacia la ciudad, traducen la voluntad de
Fainsilber por prolongar la institución con un jardín de esculturas. Espina dorsal del recorrido, una vasta nave central de 104 metros de largo por 24 de alto, sirve de recepción y distribuye las actividades públicas del museo. En el lado opuesto a esa nave, una sala de exhibiciones temporales, alta y modulable, responde a las múltiples exigencias del arte contemporáneo.

Fainsilber
ha escrito: «El urbanismo reposa en la creación de espacios urbanos y de espacios no construidos que son estructurantes. Del mismo modo, en mi arquitectura, hay grandes espacios interiores que uno encuentra en el Palacio de Justicia de Avignon, en la Biblioteca de Marsella o incluso en los dos museos de Strasbourg y de Clermont-Ferrand».

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