18 de octubre 2005 - 00:00
Bienal de arquitectos premió al francés Adrien Fainsilber
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La Ciudad de las Ciencias y la Industria, la obra más conocida
de Adrien Fainsilber, reciente participante de la Bienal
de Arquitectura de Buenos Aires, que le concedió el gran
premio a la trayectoria.
Fainsilber nació en Nouvionen-Thérache en l'Aisne en 1932. Su padre era médico y su madre, escultora, trabajaba en el taller de Antoine Bourdelle. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de París y un año antes de graduarse, en 1959, obtuvo una beca de estudio para la Academia Real de Arquitectura de Copenhague. Luego continuó en Europa del Norte y en los Estados Unidos una formación orientada hacia el urbanismo y el paisaje. En sus obras, asocia siempre ambas disciplinas. Es heredero del movimiento moderno, de un racionalismo que reconoce las influencias de Le Corbusier, del americano Louis Kahn y el finlandés Alvar Aalto. «Tuve la oportunidad de encontrar a Aalto en su estudio cuando diseñaba la casa de Bazoche, su única obra construida en Francia. Esa lección de arquitectura finlandesa me ha llevado a otorgarle más importancia a la creación de los espacios interiores que a la imagen de los edificios».
Fainsilber llevó a cabo su diseño a través de tres elementos: el agua, la vegetación y la luz. El agua rodea el edificio principal mientras que la vegetación penetra en el interior del museo por medio de tres grandes invernaderos bioclimáticamente orientados hacia el parque. Ellos permiten controlar los aportes solares y recuperar su energía pero también hacer penetrar la vegetación al interior. El parque se convierte de este modo en la prolongación natural de los espacios de exposición.La luz natural que el programa museográfico identifica como «fuente de energía del mundo viviente», es difundida en el conjunto de los espacios para exhibiciones gracias a dos cúpulas de 17 metros de diámetro, que orientan la luz con un juego de espejos dirigidos por un cerebro electrónico programable, que permite múltiples escenografías.
Instalado en un conjunto de edificios construidos entre los siglos XVII y XIX, el Museo de Bellas Artes de Clermont-Ferrand se ha convertido en un espacio moderno acompañado por un entorno urbano de calidad. En el extremo norte de la villa, en el sitio estratégico de las antiguas murallas, el museo ocupa una posición clave en el eje este-oeste de la ciudad y restablece además una unidad histórica al integrar una intervención contemporánea: la plaza deviene en «vestíbulo» del museo y sirve de preámbulo al paseo turístico del centro histórico donde las murallas se han puesto en valor. Es un museo de síntesis que reúne colecciones antes dispersas, y el recorrido no es un itinerario obligado, ya que la multiplicidad de accesos permite visitar cada sala separadamente.
Desplegado sobre tres niveles, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Strasbourg participa del dinamismo de la capital política y cultural de Europa. Su gran fachada de vidrio y su techo inclinado hacia la ciudad, traducen la voluntad de Fainsilber por prolongar la institución con un jardín de esculturas. Espina dorsal del recorrido, una vasta nave central de 104 metros de largo por 24 de alto, sirve de recepción y distribuye las actividades públicas del museo. En el lado opuesto a esa nave, una sala de exhibiciones temporales, alta y modulable, responde a las múltiples exigencias del arte contemporáneo.
Fainsilber ha escrito: «El urbanismo reposa en la creación de espacios urbanos y de espacios no construidos que son estructurantes. Del mismo modo, en mi arquitectura, hay grandes espacios interiores que uno encuentra en el Palacio de Justicia de Avignon, en la Biblioteca de Marsella o incluso en los dos museos de Strasbourg y de Clermont-Ferrand».



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