11 de noviembre 2002 - 00:00

Bienal de Arte lideró una semana de mucha actividad MERCADO

El arte acaparó la semana pasada la agenda de los porteños, que colmaron día a día centros culturales, ferias, museos y galerías. La movida comenzó el martes con más de mil jóvenes que asistieron al vernissage de «Curriculum 0», el premio ideado por la galería Ruth Benzacar para descubrir talentos desconocidos.

La muestra rescata el excelente nivel de artistas sin antecedentes que surgen del anonimato. Al fondo de la sala, una instalación fotográfica de un grupo que trabajó sobre el tema de las recientes manifestaciones sociales, revela con cierta urgencia expresiva cómo se cuela la situación sociopolítica en el arte.

El miércoles, miles de personas llegaron al Centro Cultural Borges para el vernissage de Expotrastiendas II, la feria que los galeristas Pelusa Bortchwick, Alvaro Castagnino y Alfredo Cataldo pensaron para un público masivo y que abrió sus puertas al ritmo del rock'n roll. Hasta el lunes próximo se exhiben más de 800 obras que van desde el clasicismo y la vanguardia a las más actuales manifestaciones contemporáneas, con precios que oscilan desde 300 pesos hasta más de 100.000.

Lejos de agotarse el interés, el jueves, una verdadera multitud llenó las salas del Museo de Bellas Artes, donde su director, Jorge Glusberg, inauguró la II Bienal de Buenos Aires, dedicada a explorar la disyuntiva «Globalización o regionalismo» con propuestas interdisciplinarias y un amplio despliegue de nuevas tecnologías.

Con el apoyo de 24 embajadas, que financiaron los envíos extranjeros, y diversos patrocinios empresariales, la Bienal supera en calidad la edición anterior y permite ver qué es lo que pasa en el mundo del arte. Si bien su dimensión está acotada a la superficie del Museo, las correctas labores de los curadores, un buen montaje y selección de obras de 195 artistas de 45 países le otorgan a la Bienal porteña la posibilidad de posicionarse internacionalmente en el tiempo.

•Formato

El formato de las bienales, que surgió en Venecia en 1895 y reproducía el de las exposiciones industriales del siglo XIX, es cada vez más frecuente. La más importantes son las de San Pablo, París, Nueva York, Johannesburgo, Estambul, Lyon, La Habana y la flamante de Valencia, que funcionan como sismógrafos de las expresiones más radicales y rupturistas. En esta ocasión el público puede advertir, en lo formal, la apertura a otros géneros como instalaciones, fotografías, performances, objetos y, sobre todo, videos, que predominan sobre los tradicionales como la pintura y escultura.

Al ingresar al Museo, mientras oye el monótono tamborileo de la instalación de Parker Seza, el visitante se enfrenta a la foto intervenida con pólvora de
Tomás Espina, la estupenda serie «Yo cactus» de Res, las tomas de una espalda flagelada del chino Qu Yan y las cajas con calcos en resina de nonatos de potrillos y terneros de Nicola Costantino, quien ganó el Premio Argentino a las Artes Visuales.

El jurado integrado por críticos de Austria, Francia, Brasil, Suecia, Uruguay y Argentina, otorgó el Premio Internacional al israelita
Uri Katsestein, que ganó fama en la última Bienal de Venecia y presentó en Buenos Aires «Familia de hermanos», una obra tan compleja como crítica. Se otorgaron premios a la trayectoria de Ilya y Emilia Kavakov (Rusia) y Dennis Oppenheim (EE.UU.). El Premio Latinoamericano se lo llevó la paraguaya Adriana González Brun; los de fotografía Lois Renner (Austria), Daniel Kartz (Brasil) y Laura Messing (Argentina), y los de video Seppo Renvall (Finlandia), Luis Campos (Argentina) y Silvia Rivas (Argentina).

Nuestro país está bien representado, con artistas como
Norberto Gómez o Nora Correas, que hablan del horror en obras de claro contenido político. Además se destaca Miguel Harte, con uno de sus trabajos más logrados, al igual que los de Annanke Asseff, Martín de Girolamo, Luis Benedit, Facundo de Zuviría, Daniel García, Karina El Azem, Eduardo Plá y Mónica Van Asperen. El envío español ocupa un lugar especial. La obra de Manuel Rivera (1927-1995), uno de los integrantes del grupo El Paso, domina el Pabellón y seduce con sus volúmenes, sus tensiones, transparencias y texturas. Mientras las pinturas realizadas en oro del valenciano Jarr son representativas de la España de hoy: estetizada, fascinada por la belleza ornamental y deslumbrada por el poder y el sonido del metal. Las Jornadas de la Crítica, que en la edición anterior se abrieron con las palabras de Jean Baudrillard, enemigo de la sociedad global, las inauguró este año con un tono moderado el director del Museo de Luxemburgo, Marc Restellini.

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