29 de abril 2008 - 00:00

Bossa Nova y samba con estilo personal

Pese a que su voz y sus gestos recuerdan a los de su madre, la estupenda Elis Regina, María Rita logra eludir las comparaciones con un modo de cantar y un repertorio diferentes.
Pese a que su voz y sus gestos recuerdan a los de su madre, la estupenda Elis Regina, María Rita logra eludir las comparaciones con un modo de cantar y un repertorio diferentes.
Actuación de María Rita. (Auditorio Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta; 27 de abril.)

María Rita es hija de Elis Regina y César Camargo Mariano, dos monstruos de la música brasileña, cosa nada fácil, por más que sirva para abrir algunas puertas. Aunque se formó en comunicación social en los Estados Unidos (donde se instaló cerca de su padre), terminó decidiéndose por el canto. Y si sus padres estaban presentes cuando el samba sufría transformaciones y nacía la bossa nova, el destino de esta mujer de imponente belleza latina no podía sino ser el de abordar esos géneros.

Entre las dificultades que mencionábamos en el comienzo está, sin dudas, la inevitable comparación que surge especialmente con su madre; porque además, María Rita tiene un timbre de voz y una «gestualidad» en el canto que remite inevitablemente a la estupenda Elis.

La cantante ha logrado escapar en parte a esa pesada herencia, abordando un repertorio diferente, buscando en algunos títulos nuevos y en autores contemporáneos. Y ese proceso de desprendimiento se nota si se escuchan atentamente -y en sucesión- los tres discos que editó hasta ahora : «María Rita» de 2003, «Segundo» de 2005 y «Samba Meu» del año pasado. Se puede ver entonces un camino hacia una definición más personal y hacia un estilo más propio, en lo que tiene que ver con el modo de cantar y con los temas elegidos.

En lo sonoro, sin embargo, ha preferido mantenerse distante de las experimentaciones que hacen músicos de su generación y de su ciudad, San Pablo. Y, si lo miramos desde el punto de vista comercial, no podría haberle ido mejor, porque ha vendido una enorme cantidad de discos y se ha alzado con algunos de los principales que otorga la industria, como el Grammy.

En ese contexto, quizá se hubiera supuesto un debut más espectacular para ella en Buenos Aires; a lo mejor en una sala más importante que esta del Auditorio Buenos Aires que, por supuesto, colmó con la entrada gratuita y auspiciada por una empresa de telefonía.

De todos modos, las 900 personas que tuvieron la posibilidad de tenerla cerca se encontraron con una artista que está en un saludable proceso de maduración, y que -con un repertorio que mezcló temas de sus tres discos e inclusive alguno nunca grabado, como el bellísimo «Encuentros y despedidas» de Milton Nascimento- por momentos pudo salirse de la sorprendente corrección técnica para entregarse plena y acaloradamente a la bossa nova y, muy especialmente, al samba.

R.S.

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