Brillante parodia a los recitales de rock

Espectáculos

«How to be a megastar Tour 2.0» por la Compañía Blue Man Group. Int.: M.T. Banks, W.J. Day, J.V. Gill, Z.H. Buell, B.Scott y músicos. (Luna Park.)

En los años '80 salían por las calles de Manhattan pintados de azul, luego debutaron en el ya mítico centro de experimentación La Mama y en otras salas del circuito alternativo «off-off Broadway», hasta que en 1991 Blue Man Group logró un gran éxito con el espectáculo que dio nombre a la compañía (todavía se sigue exhibiendo en el Astor Place de Nueva York).

Sus creadores, Chris Wink, Phil Stanton y Matt Goldman, manejan ahora una gran empresa con un show fijo en el hotel The Venetian de Las Vegas y siete compañías en gira por Estados Unidos y Europa (en diciembre de este año debutarán en Japón). Los enigmáticos «hombres azules» llegaron al Luna Park con un espectáculo multimedia que parodia a los grandes recitales de rock mediante el uso de proyecciones, videoclips, carteles electrónicos, cámaras que introducen por todas partes (incluida la garganta de un espectador), vestuarios que brillan en la oscuridad, tambores que salpican líquidos de color (truco que Gerardo Romano utilizó subrepticiamente en su espectáculo «A corazón abierto», de 1996) y otros recursos que estimulan la participación del público. Todo el espectáculo gira en torno a un manual de instrucciones transmitido a través de varias pantallas. Los integrantes de Blue Man Group van siguiendo cada instructivo con el fin de convertirse en megaestrellas y mientras tanto acompañan a su banda, en la percusión, golpeando pianos, tambores, utilizando unos conjuntos de tuberías de pvc y largas varillas que hacen sonar como instrumentos musicales.

Los espectadores también reciben consignas e indicaciones para aprender a comportarse como un auténtico público de rock. Con ese propósito se incluyen chistes, gráficos, falsosdocumentales, supuestos canales de cable y constantes referencia a Internet, todo prolijamente traducido al español.

Los protagonistas cultivan un estilo «extraterrestre» (no hablan ni tienen orejas, se mueven como robots y siempre mantienen una inefable expresión de asombro), por lo tanto todos sus diálogos con el público están mediatizados por la pantalla.

Quienes mejor aceptan este código son los jóvenes que gritan, saltan o prenden sus celulares apenas leen la consigna. Ellos son los que más experiencia tienen en recitales y, por lo tanto, se muestran más participativos que los mayores. Uno de los momentos más celebrados del show fue cuando el grupo tocó con sus exóticos instrumentos, «Nos siguen pegando abajo», de Charly García (con bigote bicolor incluido), y el ya clásico «Solo le pido a Dios» de León Gieco ( presente en la platea).

El formato estrenado en Buenos Aires tiene menos juegos interactivos y más proyecciones que el show que se ofrece en Estados Unidos, lo que hace que el clima en el estadio tienda a enfriarse por momentos. Para subrayar, el emotivo videoclip dedicado a las víctimas del 11 de septiembre y el corto ecológico destinado a concientizar a su público. Los valores que defiende el grupo encuentran buen eco en la platea y además los intérpretes se toman el trabajo de trepar hasta el superpullman para interactuar con todo el público.

También es beneficioso que el show haya sido adaptado a la idiosincrasia argentina con cuidado y respeto. Trabajando dentro del mismo estilo, aun tratándose de una experienciay lúdica y llena de color, ningún espectador va a salir con la «cabeza partida» si ya conoce a La Fura, De la Guarda o al Cirque du Soleil.

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