8 de agosto 2006 - 00:00

Brilló Federico en su noche en el Colón

«Leopoldo Federico 50 años». L. Federico (bandoneón) y su orquesta: N. Ledesma (piano), H. Cabarcos (contrabajo), D. Bolotín, P. Agri, B. Danko, J. Mancuso y R. Di Renzo (violines), D. Sánchez (cello), H. Lettera, A. Príncipe y C. Corrales (bandoneones) y C. Gari (voz). Baile: María y Carlos Rivarola. Invitados: H. Malvicino, H. Rivas, A. Valeriani (guitarras), J.P. Navarro (bajo), E. Roizner (batería), J. Colangelo (piano), S. Rinaldi (voz), H. Ferrer (recitado) H. Molina (voz) y J. Giuliano (guitarra). (Teatro Colón, 6 de agosto.)

Una trayectoria como la de Leopoldo Federico hubiera merecido un lleno total de las plateas y palcos del teatro Colón en este concierto para celebrar sus 50 años con la música. Probablemente fue el alto precio de las entradas lo que dejó a muchos tangueros con las ganas de escuchar a este gran maestro de la música argentina.

Con todo, el teatro que en poco tiempo entrará en obras y dejará por un buen tiempo a Buenos Aires sin su sala más prestigiosa, lució muy bien y fue un excelente marco para la fiesta. El concierto empezó con quince minutos de retraso (algo no habitual en el Colón), con Horacio Molina como invitado de apertura. Muy bien acompañado por la guitarra de Jorge Giuliano, el cantante mostró su personal estilo en piezas como «Qué me van a hablar de amor», «Niebla del Riachuelo», «Gricel», «Flor de lino» y «Garúa».

Después vino el momento más esperado, o lo que era en verdad el núcleo de la convocatoria: la ya legendaria orquesta de Leopoldo Federico. Integrada por varios veteranos en estas lides como Horacio Cabarcos, Héctor Lettera, Antoni Príncipe, y varios jóvenes talentosos (Damián Bolotín, Pablo Agri, Nicolás Ledesma, Carlos Corrales, etc.), esta típica algo ampliada, con cinco violines y cello, arrancó con «Gallo ciego» de Bardi y «Milonguero viejo» de Di Sarli, y mostró por dónde estarían los momentos más felices de la noche.

Luego seguirían «Desencuentro», « Naranjo en flor» (ambos con la voz de Carlos Gari), «Racing Club», «La bordona», «Adiós Nonino», «Bahía Blanca», «Al galope» (estos dos últimos con la participación de una pareja de baile), algunos títulos del mismo Federico y «La cumparsita». Y fue precisamente en los momentos orquestales cuando el concierto alcanzó su mayor vuelo. Quizá por falta de ensayo, o porque el sonido no terminó de estar en las mejores condiciones durante toda la noche, o porque en definitiva Federico se siente mucho mejor al frente de la orquesta, no tuvieron el mismo resultado excelente los números de cámara.

Primero, un cuarteto de dos guitarras, bandoneón y contrabajo, con Hugo Rivas y Amílcar Valeriani; después, guitarra eléctrica (Malvicino), bajo eléctrico (Navarro), batería (Roizner) y bandoneón. Hubo títulos clásicos como «A la guardia nueva» y «Romance de barrio», y de Piazzolla («Buenos Aires hora cero», «Viyuya»), pero el resultado valió más por el lado del homenaje que por el aporte real que hicieron todos estos grandes músicos. Fue sentido el recitado de Horacio Ferrer para «Mi loco bandoneón», con el agregado de palabras alusivas al homenajeado.

Párrafo aparte merece la presencia de Susana Rinaldi como invitada de lujo.

Aunque excesiva en sus palabras -lo que obligó a quitar piezas del repertorio en el final-, Rinaldi estuvo estupenda cantando «Che bandoneón», a solas con Federico, y en «El motivo/Pobre paica» con toda la orquesta.

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