Actuación de Bill Bruford's Earthworks. Con B. Bruford (batería, composición), S. Hamilton (piano, composición), T. Garland (saxos, clarinete bajo, composición) y M. Hodgson (contrabajo). (Teatro Opera, 28/9).
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El inglés Bill Bruford -ex baterista de grupos como Yes, Genesis y King Crimson-es uno de los socios fundadores de aquel movimiento que, en los '70, se denominó rock sinfónico o progresivo. Después, desde su propio grupo Earthworks, con sus distintas formaciones, estuvo siempre cerca del jazz y otra vez quedó asociado a un movimiento, el del jazz-rock. Ambas, han sido corrientes que apuntaron al desarrollo melódico y armónico, a las piezas de largo aliento, a la ruptura con la sencillez digerida del pop-rock más masivo. Pero ha habido un aspecto de esas dos corrientes del que siempre se ha hablado menos, probablemente el más retrógrado de todos puesto que significó un retorno al romanticismo del siglo XIX; y es el virtuosismo instrumental como valor en sí mismo. El Earthworks que mostró Bruford por primera vez en Buenos Aires -con una platea raleada que dio cuenta de la crisis y la dificultad de sostener contrataciones de artistas internacionales-, mostró todas sus facetas conocidas y previsibles. Tanto él como sus músicos mostraron su capacidad.
Hubo solos brillantes; de todos, aunque fundamentalmente del saxofonista, clarinetista y compositor Tim Garland y del pianista y también compositor Steve Hamilton, de un altísimo gusto musical. Se movieron entre el jazz, el rock y el sinfonismo pop de los '70. Tuvieron algunas escapadas al flamenco-jazz de Chick Corea (de quien Garland fue saxofonista durante mucho tiempo. En la hora y media que duró el concierto hubo algunos muy buenos momentos. Y, escuchadas por separado, pudo reconocerse un valor alto en cada pieza. Pero la reiteración de fórmulas formales, rítmicas, armónicas e improvisatorias, la recurrencia sobre el virtuosismo de los solos, la falta de sorpresa a medida que transcurría el show, fueron haciendo decaer la atención. Y hacia el final, salvo en los muy fanáticos, quedaban muy pocas ganas de seguir escuchándolos.
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