Armonía es el adjetivo adecuado para describir el conjunto de obras presentadas en Galería Palatina por tres escultores que viven y trabajan en Córdoba. Sara Galiasso (Santa Fe, 1946) se ha destacado siempre por el carácter lujoso que confiere a sus objetos ceremoniales. Actualmente concentra su intención en dignificar semillas, pequeñas ramitas, en sí mismas formas no manipuladas, que ensambla a lo que la artista llama «ladrillos». Realizados en alpaca, los espacios perforados horizontalmente contienen a estos elementos mínimos estableciendo un delicado contrapunto. La serie de «Los Remos», totémica, cuasi primitiva y muy despojada, salvo el tratamiento conferido a la madera por el lustre y el agregado de formas geométricas en alpaca o restos fósiles. Si bien la producción de Galiasso alude a la naturaleza, su trabajo ensalza la importancia de la estética en cuanto a orden, equilibrio y, reiteramos, armonía.
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Formas gráciles circunvaladas por una suerte de curva en el aire, un frágil juego espacial inspirado en extraños instrumentos musicales caracteriza la obra de Susana Lescano (La Pampa, 1948). Pero su preocupación actual es el espacio. Lo logra en una excelente composición de cuerpos geométricos ensamblados que exaltan los volúmenes virtuales. Otro de sus logros es el equilibrio expresado a través de mínimos puntos de apoyo de las formas geométricas que se entrecruzan y por los frutos que de ellas nacen. Madera y metal tratados con sugerencia y cadencia, un cierto regodeo en la perfección.
La estética de José María Suhurt (Córdoba, 1948) difiere de la de Galiasso y Lescano. De carácter barroco, suspendida en el espacio, logra la diná-mica a través de la mirada del espectador. Cuando utiliza el bronce, pese a su fundido, éste adquiere característica de chapa maleable que remite a movimientos de la superficie marina y que, a su vez, devienen formas humanas. «Paisaje I y II», realizadas en mármol azul de Córdoba y «La Lobita», de la serie de «La Patagonia» son ejemplos de su activa relación con el material así como su observación de la naturaleza que le sirve de inspiración. Arroyo 821. Clausura el 16 de diciembre.
En las antípodas de las obras de los artistas precedentes se encuentra la escultura de Oscar Stáffora, (Quilmes, 1950), «De Muros y Compuertas» que se exhibe en el Centro Cultural Borges. Comenzada hace alrededor de seis años, esta serie es casi su autorretrato. Sólida, contundente, arrolla-dora. Puede derribar muros y abrir compuertas, metáfora que se expresa en ensambles de maderas, a veces policromadas, chapas batidas, soldaduras.
Los títulos revelan su ideología: «El Vigía Imprudente», «Muro de la Soberbia», «Muro de la Intolerancia», «Pórtico de la Impunidad», «Máquina para Construir Utopías», «Columna de lo Imposible». Amenazantes, buscan desplegarse en el espacio, revelan el gesto potente del escultor cuando trabaja y su ambición por transmitir su energía. Estas son algunas de las razones por las que deberían ocupar espacios públicos ya que también son capaces de completar el diálogo con espectador, llevarlo a zonas polémicas, transformar el entorno visualmente contaminado, como lo demuestran las que se encuentran en Oberá (Misiones), Berisso (Buenos Aires), Santa Fe y Villa Allende (Córdoba). Hasta fines de enero.
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