2 de mayo 2003 - 00:00

Buena combinación de comic y miedos reales

X-Men 2
"X-Men 2"
Hace unos años todo el mundo enloqueció con el policial de culto «Los sospechosos de siempre». Todo el mundo menos su director Bryan Singer. A esta altura está totalmente claro que el promisiorio director de cine intelectual, prefiere las películas con temas fantasiosos o sádicos que le permitan interpretar un buen villano a Sir Ian McKellen, y que al mismo tiempo permitan mezclar la superacción historietística con esos temas sociales que hace medio siglo aparecían en films que, por triviales, terminaban siendo el medio perfecto para decir cosas sin provocar la ira de los censores.

Justamente esta tesis parece haber interesado lo suficiente a Singer como para permitirle concentrarse solamente en los comics de Stan Lee, los mutantes y su tensión constante con el genero humano, con la violencia, las conspiraciones y la inevitable intolerancia e injusticias típicas de este tipo de historias fantasiosas.

Por eso, no hay que tener mucha imaginación para sentirse identificado con la trama de «XMen 2», que se puede sintetizar en dos renglones: el jefe de una agencia hipersecreta organiza un atentado contra el presidente de los EE.UU. para liquidar a gusto a todos aquellos que le parecen sospechosos. Su estrategia funciona tan bien que en poco tiempo, ante el menor gesto sospechoso un chico puede delatar a su hermanito, y las fuerzas del orden pueden detener a los chicos de un colegio privado.

De un modo similar a las paranoicas invasiones alienígenas o los monstruos mutantes radioactivos de la década del '50, parece que el cine fantástico de principios del siglo XXI sirve para explicar que si bien un mutante puede ser una amenaza temible -igual que un marciano, o cualquier otro engendro con o sin turbante-, también hay personas occidentales y cristianas igualmente temibles (sólo que por lo general estas personas son funcionarios públicos).

Igual que en «Cazador de sueños», la secuela de «XMen» enfrenta la vieja teoría política de los demonios en términos fantásticos, hay gente buena y mala, mutantes buenos y malos (y hasta hay un Presidente bastante parecido a George W.Bush que tiene la oportunidad de demostrar que si lo asesoran bien, puede ser encantador). Lo malo es que Singer se toma 40 minutos largos para plantear una trama un poco elemental, un poco complicada, que incluye escenas formidables, aunque siempre demasiado anunciadas. Lo que pasa es que sólo Singer puede sentir tanto respeto por el texto sagrado de Marvel, lo que redunda en unos 20 o 30 minutos largos, aburridos y muy poco justificables.

Igual, por sí solas las actuaciones de
McKellen (mucho mejor que la primera vez como Magneto) y Brian Cox (el agente que inventa atentados y guerras privadas) justifican ver esta película. Pero además hay muchas escenas memorables, como los combates aéreos en medio de docenas de tornados paranormales, una de las fugas carcelarias mas alucinantes jamás filmadas y la tensión y el miedo que expresan los rostros de los chicos mutantes que se despiertan con unos matones allanando su escuela. Pero el gran logro es ese perfecto tono que logra que el espectador no sepa si debe odiar a cada una de esas variaciones de villanos fascistas, o sólo tenerles lástima. Da la sensación que Singer se tomó un trabajo enorme para que uno salga del cine pensando en esta última opción.

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