• Actuación de John Medeski (teclados), Billy Martin (percusión) y Chris Wood (bajo, contrabajo). (Teatro Gran Rex, 7 de marzo).
Nacieron a principios de la década pasada como un grupo de culto en la escena neoyorquina. Desde entonces han grabado varios discos (el último, «Uninvisible», en el año 2002) y han crecido en popularidad. También en nuestro país se han ganado una importante cantidad de seguidores: hace un par de años estuvieron en La Trastienda y ahora tuvieron mucho público para su concierto en un teatro grande como el Gran Rex.
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En términos generales, lo que hace este trío debería incluirse en ese gran «paraguas» que es el jazz. Sin embargo, es tan amplio el espectro que abordan, son tantos y tan disímiles los caminos sonoros que recorren, son tan osadas sus búsquedas hacia lugares diferentes, que cualquier rótulo les queda chico. Por momentos hacen rock, pero más desde el espíritu y desde la potencia rítmica que desde la presentación de la melodía acompañada. Por otros, rememoran el «sinfonismo» de los '70, con la utilización de complejos sonoros armónicocontrapuntísticos. Y también van aún más atrás en la elección de timbres de teclados como el del órgano Hammond o el Mini Moog. Y no falta, por supuesto, el lenguaje jazzístico; aunque allí también son muy eclécticos. Recorren el jazz más clásico de los instrumentos acústicos -posiblemente, el espacio en el que logran su punto más alto- o construyen un «free» rabioso, con la más absoluta libertad armónica, tímbrica y formal.
Los temas son en general extensos; en cerca de dos horas de concierto tocaron apenas once piezas, con algunas novedades aún sín título o sencillamente improvisaciones. Y permanentemente sorprenden por el virtuosismo. John Medeski es dueño indiscutido de las teclas y se permite tanto la potencia de la electrónica como la sutileza del piano de cola. Billy Martin es un percusionista polifuncional, que toca con toda soltura la batería pero que también juega con distintos accesorios. Y Chris Wood se adapta con comodidad al bajo eléctrico o al contrabajo; aunque es con este último con el que logra su mejor expresión, sea tocándolo de manera tradicional o reformulándolo en una especie de berimbao gigante.
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