18 de enero 2002 - 00:00

Cela fue el mejor testigo de la España del siglo XX

Camilo José Cela
Camilo José Cela
(18/01/02) Murió ayer en Madrid, a los 85 años, el escritor Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura 1989, premio Príncipe de Asturias, premio Cervantes 1995, senador por designación real y académico, autor de « La familia de Pascual Duarte», la novela española publicada en 20 idiomas y la más traducida después de «El Quijote», y de «La colmena», entre otras 90 obras en donde hizo suyos todos los géneros.

Cela
, famoso también por sus exabruptos e improperios (hizo un arte del «taco», como denominan en España a las malas palabras) descolló en novela (varias de ellas llevadas al cine, como la citada «La colmena» en la excelente versión de Mario Camus), poesía, cuento, fábula, teatro, libros de memorias y viajes, estudios académicos, adaptaciones, traducciones, así como la dirección de revistas literarias.

Gallego universal, terminó su vida ofrendándole un «te quiero» a su última esposa, Marina Castaño, y reservando su último aliento para dar un grito de «viva Iría Flavia», pueblo del norte de Galicia donde había nacido el 11 de mayo de 1916, en una familia burguesa, de padre gallego y madre angloitaliana.

Cela
había ingresado el lunes en la clínica Centro por una neumonía crónica que se complicó por una antigua insuficiencia cardíaca grave, que lo hacía llevar marcapasos. Meses atrás, al cumplir en mayo sus 85 años, había sentenciado «no tengo miedo a la muerte porque eso es una vulgaridad» y también había dicho «no me arrepiento de nada de lo que he hecho y sólo me siento contento y satisfecho porque he logrado lo que me propuse: mostrar mi verdad con palabras».

Tuvo «una infancia dorada» que recordaba con placer. Lo expulsaron de cuatro colegios porque «me aburría como una ostra». Se paseó por las facultades de Medicina, Filosofía y Derecho, sin concluir ninguna de esas carreras, pero «sumando saber para el futuro».

Alto, corpulento, sabía imponer siempre su presencia y su voz. Nunca tuvo pelos en la lengua, ni pudores de sentirse un provocador. No temía a las controversias y desafiaba a las críticas. Eligió ser insolente y polémico. Abrió el lenguaje a las palabras de todos los días, rompiendo tabúes. Un modelo de su estilo desafiante fue cuando afirmó que «el premio Cervantes está lleno de mierda porque se ha politizado», y luego lo aceptó sin problemas, o cuando sostuvo que la Real Academia de la Lengua, de la cual participaba desde hacía décadas, era «un internado de jesuitas que nada valioso hacía por el idioma».

En el fútbol (su gran pasión deportiva juvenil junto al judo, donde llegó a ser cinturón negro) era centro izquierda y en política de centro derecha, pero se permitía todas las libertades, desde haber colaborado con el franquismo a ser uno de sus grandes críticos.
Aunque no concluyó ninguna de estas carreras, su vida universitaria, interrumpida por el estallido de la Guerra Civil, le permitió frecuentar los principales círculos intelectuales, además de presentar sus primeras poesías al erudito español
Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), maestro de la escuela filológica española.

A los 23 años, en 1939, publicó su primer libro, un poemario de estética surrealista titulado «Pisando la dudosa luz del día». Tres años después escribió su primera novela, «La familia de Pascual Duarte», un hito en la literatura española que ha sido traducida a más de veinte idiomas. Antes de conseguir su publicación, según sus propias confesiones, la novela fue rechazada en varias editoriales con excusas como que el argumento era «demasiado terrible» y que podría «tropezar con la censura». «Le va a ser difícil publicar la novela, pero usted es joven y puede cambiar de oficio», le llegaron a decir.

Censor y censurado

En 1943 solicitó por escrito -según su hijo, por necesidades económicas-trabajar en la censura, tras lo que se le concedió el trabajo y fue asignado a la «vigilancia» de dos revistas religiosas y una farmacéutica, lo cual no impidió que la segunda edición de «La familia de Pascual Duarte» fuese retirada de las librerías españolas ese mismo año.

Su segunda novela,
«La Colmena», también tuvo problemas con la censura. Debió ser publicada en Buenos Aires en 1951, antes de ser reeditada en España varios años más tarde.

En esta obra coral, otro de sus mayores éxitos,
Cela hizo en clave de realismo social una representación literaria del Madrid de los vencidos en la Guerra Civil, una contienda en la que al escritor le tocó vivir los dos lados sin pertenecer a ninguno.

Con sus obras, ha señalado
Mario Vargas Llosa «resucitó la antiquisima tradición española de la España picaresca, regional y tremendista. Un hombre que ha volcado su trabajo en una prosa sumamente personal, llena de color, insolencia y sonoridad». Cela fue el creador del «tremendismo» un estilo literario que regresó a las fuentes de Quevedo, Valle Inclán y Baroja, y lo enlazó con dos genios universales del cine y las artes plásticas, Buñuel y Picasso, porque para él «en arte sólo tiene interés abrir nuevos caminos y el escritor debe abrir nuevos horizontes y tener las tres facultades del alma: memoria, entendimiento y voluntad».

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