20 de marzo 2006 - 00:00

Centralismo aguó una premiación

La distinción a la trayectoria de la titiritera SarahBianchi mereció ovaciones (igual que lade Osvaldo Bonet), no así los premios parados obras porteñas en detrimento de las delinterior del país.
La distinción a la trayectoria de la titiritera Sarah Bianchi mereció ovaciones (igual que la de Osvaldo Bonet), no así los premios para dos obras porteñas en detrimento de las del interior del país.
En un clima de jolgorio, más propio de una fiesta de egresados que de un acto institucional, tuvo su cierre el sábado pasado la Fiesta Nacional del Teatro de la que participaron durante diez días unos 40 espectáculos de todo el país. El teatro Empire fue el lugar elegido para la entrega de premios que el Instituto Nacional del Teatro dejó en manos de un jurado integrado por varios representantes regionales. Los elencos convocados festejaron con risas y aplausos las ocurrencias de los dos maestros de ceremonias, y coordinadores generales del evento, Pablo Bontá (Representante Región Centro) y Miguel Palma (Director de fomento del INT) y recibieron con una estruendosa ovación a Osvaldo Bonety a la escritora y titiritera Sarah Bianchi, ambos premiados por sus trayectorias.

Estos dos artistas ya octogenarios sorprendieron a la concurrencia con su gran lucidez y sentido del humor. Bonet fue el impulsor de las primeras Fiestas Nacionales del Teatro: «Yo me iba a pueblitos perdidos del Interior, que capaz tenían dos compañías de teatro, peleadas por supuesto. Lo primero que tuvimos que hacer fue pacificarlas. Después todo fue mejorando y ahora se hacen chistes entre ellos», recordó el actor y director.

Bianchi
, por su parte, jugó con una pequeña marioneta de su Museo del Títere a la que le hizo decir: «Llegué tarde porque como un boludito me fui al Centro Cultural de la Cooperación» (el acto iba a realizarse allí, pero a última hora se optó por una sala más grande). Ese fue, justamente, el principal obstáculo de este encuentro, la limitada capacidad de las salas elegidas, todas ellas subsidiadas por el INT, y la gran demanda de entradas (había que retirarlas dos horas antes de cada función) que impidió a los teatristas de Provincia acceder a muchos de los espectáculos programados. «Lamentamos los problemas que tuvieron con las entradas, especialmente los que vinieron de tan lejos», blanqueó Palma. «Tal vez se podría haber alquilado lugares más grandes, pero fue una elección del Instituto realizar esta fiesta en teatros independientes. Es una manera más de ayudar a la vida de estas salas», explicó.

Los teatristas del interior presenciaron con gran entusiasmo la entrega de premios, pero cuando quedó en evidencia que sólo iban a figurar en los rubros técnicos y en un par de menciones especiales el aire festivo se enfrió un poco. Para decepción de toda la platea, los premios principales fueron acaparados por dos espectáculos de Capital: «La omisión de la familia Coleman» y «No me dejes así». La idea no fue muy acertada ya que lo único que se logró con estas distinciones fue profundizar la brecha ya existente entre el prestigioso circuito teatral porteño y la esforzada actividad artística del resto del país.

El director ejecutivo del INT, Raúl Brambilla, acusó recibo de las críticas recibidas: «Les pido disculpas si volvieron a encontrar una gran disimilitud entre las distintas propuestas teatrales, pero éste es un encuentro que refleja la realidad cultural y socio-económica de nuestro país. En ese espejo nos reflejamos una vez al año». Finalmente, lamentó no poder anunciar aún la sede de la próxima Fiesta y propuso a los teatristas enviar por correo electrónico todas sus críticas y sugerencias para mejorar este encuentro.

Según trascendió, los elencos contratados cobraron un cachet de alrededor de 1.500 pesos para grupos de no más de 9 integrantes. En general se ofrecieron dos funciones de todos los espectáculos, ya que la capacidad de las salas casi siempre fue inferior a las 200 butacas. Es cierto que la calidad artística que exhibió la muestra no parece reflejar el «mejor» teatro del país; pero sería injusto no destacar la calidad interpretativa de la mayor parte de los elencos y el refinamiento de ciertas propuestas estéticas como la de «Desquicios» (Chaco); «Area restringida» (Córdoba) y «Tres viejos mares» (San Juan), que recibió con justicia el premio a la mejor escenografía. Aunque también hubiera merecido algún premio por actuación, al igual que «Una» (Santa Fe) un espectáculo que solo fue distinguido por mejor vestuario y maquillaje, un rubro muy poco serio.

Luego de una bulliciosa cena en zona céntrica, los elencos terminaron la noche en una fiesta organizada en ElKafka, una de las salas subsidiadas por el INT. La relación entre los elencos fue excelente durante todo el encuentro. Sólo un incidente amenazó con arruinar la Fiesta y tuvo que ver con la intolerante reacción del actor Patricio Contreras que se puso a vociferar contra el público porque minutos antes de terminar su primera función escuchó la voz de un niño ( algunos artistas del interior iban a ver los espectáculos con sus hijos). Contreras salió del teatro negándose a actuar en la segunda función de «Ella», pero una coordinadora de logística logró persuadirlo de que volviera a la sala. Brambilla que aguardaba entre el público para asistir a esa segunda función respiró aliviado. «Pasamos muchos nervios, pero sé que cuando la fiesta termine nos vamos a sentir un poco vacíos».

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