3 de octubre 2002 - 00:00
Chávez, un antológico pistolero a puro cine
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Escena del film
Pero «Un oso rojo» no sólo se gana su espacio en ese afortunada lista sino que tiene un valor adicional, e infrecuente, por el que hay que empezar: el personaje de Julio Chávez es antológico. Su Oso seco, parco, de gestos y líneas de diálogo mínimos y exactos, trasciende el interés de la historia con un aura propia. Dicho de otra forma, el trabajo de Chávez, un peligroso Scarface de suburbio, cicatriz en la ceja, mirada de asesino y padre amoroso a la vez, no es el de un actor sino el de una estrella.
«Un oso rojo» es mucho más que la crónica de un pistolero que, después de una larga temporada en la cárcel, regresa a su casa para encontrar a su mujer Natalia (Soledad Villamil) viviendo con otro hombre, el pusilánime Sergio ( Luis Machín), junto a su propia hija. Es la extraordinaria historia de la vida de un marginal cuyo sentido de la ética no excluye, desde luego, el robo y el crimen, pero que permanece indoblegable en la defensa de los suyos.
Western y policial a la vez, el film se apropia del sentido de la aventura del primero, además de la unívoca dimensión del personaje del «solitario», y del otro su ritmo, su parte de violencia y cierto comentario social.
Finalmente: la discusión sobre si la participación de la productora Lita Stantic en esta película de mayor envergadura, en donde ha tenido voz y voto (empezando por la elección de Chávez), le quita o le suma puntos a la condición de «independiente» que tantas veces se le ensalzó al realizador de «Pizza, birra y faso» y «Bolivia» es absolutamente indiferente al público. La mejor noticia es que va a ver una gran película.



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