Chomsky: de la distopía al neorrealismo

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La película se verá hoy en Mar del Plata y el martes presencial en Parque Centenario.

Se presentará hoy en el festival de Mar del Plata “El país de las últimas cosas”, coproducción entre la Argentina, Gran Bretaña y República Dominicana de la novela de Paul Auster, llevada al cine por el argentino Alejandro Chomski, el mismo de “Dormir al sol”, basado en Bioy Casares. La película, según se anunció ayer, también podrá verse de manera presencial y gratuita el próximo martes a las 20.15 en Parque Centenario (mañana, en ese mismo auditorio, se exhibirá de la misma manera “Inmortal”, de Fernando Spinner). La novela de Auster en la que se basa “El país de las últimas cosas”es de 1987, y retrata un país en descomposición por el avance de un virus. Chomski suele decir en estos días, no sin un toque de humor negro, que lo que iba a ser un film distópico, casi de ciencia ficción, corrió el riesgo de transformarse en neorrealismo por la pandemia del coronavirus. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cómo convenció a Paul Auster para llevar al cine su novela?

Alejandro Chomski: El había venido con su mujer a la Feria del Libro. Unos amigos en común nos presentaron, fuimos a cenar, hablamos mucho de libros y de cine. Yo había ido al American Film Institute con una beca Fullbright, tenía nueve cortometrajes realizados, y muchos proyectos. A partir de ahí le escribí sucesivas versiones de lo que sería la película, él me contestaba con correcciones a mano y comentarios muy razonados, hasta que llegó un momento en que me ofreció que vaya unos días a trabajar con él en los diálogos. Pero yo justo estaba por hacer mi primer largo.

P.: “Hoy y mañana”, que llegó a competir en la sección Un certain regard, de Cannes 2003, ganó en el Festival Latino de Chicago, y tiene algún punto de contacto con “El país de las últimas cosas”.

A.C.: Son historias representativas de una mirada sobre la sociedad, y de sociedades en crisis. Además ambas tienen protagonistas femeninas. A partir de ahí empecé a viajar, y a lo largo de los años estuve 7 u 8 veces viviendo en su estudio o en el cuarto de invitados de su casa, donde los pasillos muestran sus libros traducidos a 25 idiomas. El proceso de adaptación fue muy interesante, porque él acompañó todo el recorrido con ideas eran muy precisas, referidas al modo en que estaban expresadas en el libro. Hasta que un día me dijo “Bueno, yo escribí el libro pero ésta es tu película”. E hice la versión definitiva yo solo.

P.: ¿Hubo algún punto en que fue inflexible?

A.C.: Auster fue totalmente flexible en tanto y en cuanto se respetaran la historia y sus personajes. El discutió solo una escena, esa donde los personajes se enamoran. En el libro simplemente dice que se enamoraron, pero eso había que explicarlo. Yo propuse una canción de Leo Dan, a él le pareció inadecuada y le hice caso. Más tarde encontramos con el editor una toma donde la mirada de la protagonista va hacia su hombre y al final, de este ida y vuelta que tuvimos, la escena quedó todavía mejor.

P.: Y en la película también quedó la canción de Leo Dan.

A.C.: Al mismo tiempo me ayudó a buscar productores. Así llegaron Alexandra Stone y Carola Infante, hija del escritor Guillermo Cabrera Infante, con su empresa Capa Pictures. Luego se sumaron los Estudios Pinewood y la productora Lantica de República Dominicana. Finalmente se incorporó Nico Avruj, de Campo Cine, por Argentina.

P.: ¿Se refiere a los famosos Estudios Pinewood?

A.C.: Que en Dominicana tienen un lugar gigantesco, muy profesional, un tanque de 10.000 litros donde se filman superproducciones de EE.UU. y Netflix, y un departamento de películas de bajo costo, donde pudieron poner la nuestra en el calendario y darnos la posibilidad de filmar todos los interiores. Grandes técnicos locales, Wilhem Pérez Y Ginna Ozuna hicieron un enorme trabajo de arte al construirnos una mansión con escaleras y cuartos dentro del estudio. También el trabajo de efectos visuales de Ricky Gluski fue capital y nos ayudó un montón.

P.: Y en ese país construido en un estudio, las actrices.

A.C.: Viendo una obra de teatro en el San Martín descubrí a Jazmín Diz, que me pareció exactamente la Anna que había imaginado. Hicimos pruebas de varias escenas, las envié y la aceptaron. Por su parte, Alexandra Stone tiene una relación personal con la actriz y directora portuguesa María de Medeiros. Así María leyó el guión directamente sin pasar por sus representantes, se super entusiasmó y se involucró enseguida. Ella es muy creativa y talentosa, y fue una gran contribución y un gran apoyo para nosotros. Luego, a partir de búsquedas y recomendaciones, llegamos al mexicano Cristopher Uckerman (Sam), Danny Castillo (Otto), Ariel Díaz (Pedrito) y el resto del elenco. Desde aquella cena y el comienzo del sueño pasaron prácticamente 17 años. Entre medio hice otras películas, aquí y en EE.UU., y seguí con el sueño. Creo que lo que fundamentalmente me llevó a mantener la esperanza fue el apoyo de Auster, de las productoras, y la misma solidez del proyecto. Entre todos pudimos concretarlo.

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