3 de abril 2001 - 00:00

Clarice Lispector, a la luz del atardecer

Alejandra Couceyro.
Alejandra Couceyro.
Los personajes de Clarice Lispector realizan actos sencillos y cotidianos para luego caer ante el horror de la gran pregunta por excelencia: «¿Quién soy?». En el hecho más trivial se esconde el misterio de la existencia humana, una veta sobre la que este monstruo sagrado de la literatura brasileña construyó un universo lleno de sorpresas. Su prosa tiene la eficacia y el mismo grado de concentración de una descarga eléctrica. Y quizás esto se deba a que la autora siempre trabajó a contrapelo del lenguaje, despreciando los adornos, las introspecciones psicologistas y todo tipo de alarde estilístico.

El homenaje que le dedica la actriz Analía Couceyro resulta entonces una muy buena excusa para entrar en contacto con las implacables reflexiones de esta escritora inimitable. Couceyro ya participó de una experiencia similar, en la misma sala, que se llamó «Teatro proletario de cámara», en la que varios actores se encargaron de dramatizar diferentes textos del escritor Osvaldo Lamborghini. Esta vez la actriz decidió trabajar al aire libre sin otra iluminación que la cambiante luz del atardecer. Con muy pocos elementos de utilería y vestuario la actriz interpreta a una serie de mujeres cuyas vidas, fuera ya del contexto literario, son percibidas fragmentariamente, como a través de una colección de estampas.

El espectáculo subraya el humor y el costado absurdo de estas mujeres, y la fuerte presencia escénica de Analía Couceyro, así como su voz de tonalidades ambiguas, ayuda a que emerja esa especie de lúcida locura que la actriz intenta transmitir. Pero, aunque, los textos elegidos despiertan sumo interés, no llegan a articularse dramáticamente como para ofrecer algo más que una interesante antología.

Basta con citar a la protagonista de «La pasión según GH» (una mujer que entra en crisis ante la aparición de una cucaracha) o a la patética jovencita de «La hora de la estrella» para desear ver en escena algo más que episodios sueltos o fragmentos de personajes.

El año pasado, Couceyro dirigió una muy atractiva -y minimalista- versión de la «María Estuardo» de Schiller. Con «Tanta mansedumbre», en cambio, vuelve a confirmar sus buenas dotes de actriz, pero dentro de una experiencia a medio camino entre la literatura y el teatro. Las funciones son a las 18 y se sirve té con torta.

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