Clint Eastwood, Morgan Freeman y, sobre el ring, Hilary Swank, en una escena del film sobre boxeo femenino «Million Dollar Baby», dirigido por el propio Eastwood.
Los Angeles (especial) - Bing Crosby hizo famosa la canción «Million Dollar Baby» en 1931. Literalmente traducida, su primera estrofa decía así: «Fue una afortunada lluvia de abril/Entré por la puerta más indicada/Me encontré una chica de un millón de dólares/En un negocio de baratijas».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Aparentemente, Clint Eastwood también encontró ahora su chica de un millón de dólares en la actriz Hilary Swank («Los muchachos no lloran»), protagonista de su nueva película que, para la mayor parte de los observadores de Hollywood, es la más clara favorita al próximo Oscar. Sólo le podrían hacer fuerza «El aviador», de Martin Scorsese, y «Entre copas», de Alexander Payne. [Paradojas de la distribución de cine en la Argentina: aquí no sólo no tiene fecha de estreno, sino que su estudio productor, la Warner, todavía no sabe si le tocará distribuirla].
A los 74 años, la llama creativa de Eastwood no decae. Después de su estupenda última película, «Río místico», se embarcó en un film de boxeo con una particularidad distintiva: las luchadoras son mujeres. No las que combaten sobre el lodo, desde ya, sino las que practican boxeo puro, y femenino. «The New York Times», diario que no suele regalar elogios, calificó a «Million Dollar Baby» como la mejor película de un estudio «major» del año.
El diario también publicó, en consecuencia, su crítica más exaltada del año: dijo que el film no sólo era el más ambicioso y original de 2004, sino también el drama más inteligente y reposado, limitado sólo a tres personas, sin que hayan intervenido los habituales vicios de esta época: ni los efectos especiales, ni los habitualmente pedantes «subrayados autorales».
En la película, de la que se dijo que parecía un olvidado proyecto realizado en los años 30 y que se filmó setenta años más tarde, Eastwood se reservó el papel de Frankie Dunn, propietario de un oscuro y olvidado gimnasio en un rincón de Los Angeles. Su mejor amigo es Eddie Dupris (Morgan Freeman), un ex luchador de quien fue su manager muchos años atrás. Ambos arrastran la misma cuota de frustración y resentimiento. Frankie perdió una hija, Eddie un ojo, y sólo el paso del tiempo y algunas ocupaciones que el trabajo no les había permitido realizar antes (Frankie estudia galés y la poesía de Yeats) los ayudan a seguir sobrellevando la existencia.
El azar lo pone en contacto con Maggie Fitzgerald (Hilary Swank), una moza que se le presenta un día en el gimnasio decidida a convertirse, pese a sus 30 años, en boxeadora profesional, y advirtiéndole que no aceptará una negativa lo quiere a él como manager. Un poco a la manera del olvidado agente artístico Dany Rose de Woody Allen en «Broadway Dany Rose», Frankie volverá, muy a su pesar, a convertirse en manager, y encima de una mujer. «Podrán comparar mi personaje con el que se les ocurra», bromeó Eastwood antes del estreno del film, «pero está prohibido hacerlo con el que hizo Burgess Meredith en 'Rocky'. No hay ninguna relación».
Ganador del Oscar por «Los imperdonables» en 1992, y candidato otras varias veces (como con «Río místico» el año pasado, que le valió la estatuilla a su protagonista Sean Penn), entre los apostadores de Hollywood prácticamente hay certeza de que el año próximo la Academia estará con él: si no en el premio mayor, para el que tiene las mayores chances, al menos en muchas de sus categorías. Ya en los Golden Globes, premios de la Prensa Extranjera de Los Angeles que anticipa generalmente las elecciones del Oscar, «Million Dollar Baby» obtuvo, junto a «Entre copas», la mayor cantidad de nominaciones. Hilary Swank, nuevamente perseguida por un papel masculinizado (en la citada «Los muchachos no lloran», por la que ganó un Oscar, debió interpretar a una mujer que debía hacerse pasar por hombre), aseguróhaberle tomado respeto al box, al que antes despreciaba. «Es lo más parecido que hay al ajedrez», sorprendió. «Es un deporte mental en el que no hay piezas que mover sino un cuerpo para poner. Pero la forma de calcular, de medir al contricante, de planear estrategias y anticiparse a las del otro, son exactamente lo mismo».
Dejá tu comentario