Los clowns de «Aguas» entretienen a grandes y a chicos por igual con eficaces trucos y números musicales, además de caracterizaciones y uso de objetos notables.
«Aguas». Dir.: M. Katz. Con: S. Godoy, M. Hernández, G. Cohany otros. Ambientación y Vest.: A. Gaguin. (Patio del Aljibe - Centro Cultural Recoleta.)
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Hace poco más de 20 años que el término «clown» empezó a formar parte de la jerga teatral argentina. Esto no se debió a una cuestión de esnobismo, como suele pensarse, sino a la necesidad de deslindar esta técnica de la del payaso tradicional, que además de ser más naïf sigue conservando su vocación por las cachetadas y los aterrizajes forzosos.
Según dijo el director Marcelo Katz alguna vez, «El payaso es el arquetipo del ridículo universal, el clown en cambio se interesa más en la búsqueda de sus obsesiones personales, es más teatral. Su trabajo tiene una cuota de dolor e implica paciencia, ya que obliga al intérprete a pensarse a sí mismo». Y la prueba más elocuente de esta afirmación es su nuevo espectáculo, «Aguas», destinado a grandes y chicos por igual.
Como indica el título, todo gira en torno al agua, que además de ser utilizada con gran audacia e inventiva (se sugiere llevar algún impermeable liviano) da pie a divertidas situaciones de comedia. El show se iniciacon un acto escolar en dondela maestra comparte con su alumno preferido una clase especial sobre el agua utilizando un proyector de slides increíblemente artesanal. Con total irreverencia, el clown joven puede besar apasionadamente a su partenaire octogenaria; así como una insoportable ama de casa no tiene empacho en reconocer que fue ella quien tapó el inodoro al arrojar por él a un marido indiferente, una hija muy ruidosa y una empleada doméstica poco fiable.
El espectáculo incluye a un imitador de ruidos acuáticos, algunos trucos con paraguas y varios cuadros musicales de gran efecto. Entre ellos: una versión de «Cantando en la lluvia» boicoteada por el cuerpo de baile; un número con pinturas de colores y el playback de «What a wonderful world» (la voz suena igual a la de Louis Armstrong, pero la letra sólo habla de colores) y una estrafalaria coreografía de aguas danzantes, con pomos y sifones.
Uno de los cuadros más logrados, a nivel actoral, es el del dúo femenino que da vida a un profesor de surf muy «fashion» y a su torpe alumno provinciano. Notables las caracterizaciones y también el uso de los objetos.
«Aguas» surgió del trabajo de taller de una veintena de artistas de distintas edades; pero no tiene nada de estudiantina, al contrario aquí lo que sobra es talento y profesionalidad. El espectáculo sugiere muchas historias y conflictos que no sólo provocan risa; también inquietan, dan ternura e invitan a liberar la imaginación.
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