15 de octubre 2002 - 00:00

Coherencia y sustancia en muestra de Benedit

Obra de Luis Benedit
Obra de Luis Benedit
Las obras de Luis Fernando Benedit -un tipo especial de escritura-expresan su memoria individual (memoria de vida, de lecturas, de creaciones artísticas), que, a través de su operatoria, deviene en memoria colectiva y unifica el ayer y el hoy en dirección al futuro, como quería Walter Benjamin. «El pasado ha depositado en sí imágenes que pueden compararse a las que se fijan sobre una película sensible -sostiene Benjamin-. Sólo el futuro puede desarrollar las que son bastante fuertes como para que pueda aparecer la imagen en todos sus detalles». A lo largo de cuatro décadas, Benedit (Buenos Aires, 1937), que está presentando hasta fin de mes una muestra de sus últimos trabajos, en el excelente espacio de la galería Daniel Mamán (Av. Libertador 2475, Buenos Aires) ha erigido una obra coherente y sustantiva, que hace tiempo le ganó un espacio propio en el arte argentino, espacio reconocido, ciertamente, más allá de nuestras fronteras.

Es una obra de intereses múltiples, pero todos ellos arrancan de una misma pasión: la de alcanzar un arte que sea lenguaje de fondo de la sociedad y medio de conocimiento del hombre. Así ha venido desarrollado su creación desde la década del 60. Su obra continúa configurando un mundo siempre renovado: en sus habitáculos, laberintos y cultivos hidropónicos, en sus proyectos de animales, embalajes, juguetes, en acuarelas y objetos sobre el campo, en su rescate de Pallière y en sus instalaciones sobre los orígenes culturales de América. Es el mundo de la memoria.

Sin duda, empiezan por incitarlo sus memorias propias, pero otras lo ayudan a afianzarlo. Es el mundo de la memoria cultural de muchos argentinos. Un mundo circular porque «parece que todo vuelve al punto de partida», reflexiona el artista en la presentación del catálogo. En esta muestra Benedit conjuga el arquitecto y el diseñador. La casa como espacio de protección está presente en distintas versiones realizadas en mármol, huesos, cristal y madera. Los huesos que predominan en sus esculturas y muebles, son fragmentos, restos, cuya insistencia configura un verdadero osario que nos remite inevitablemente a la historia Argentina, atravesada de muerte y violencia.

•Ejemplo

Un ejemplo de esto fue la obra que Benedit presentó en la XLVIII Bienal de Venecia, presidida por un osario integrado con huesos de vacas y de caballos, que conformaban una casa, una mesa, una silla y una lámpara, lo esencial del vivir humano. La cita que hace de Ricardo Piglia (Prisión perpetua), resalta la relación entre la pintura sobre madera y los huesos que materializa en sus obras Cruz roja, Cruz negra, Cruz azul, «una forma circular, que remite de un punto a otro de la estructura, un relato lineal que sin embargo funciona como un juego de espejos, o una adivinanza circular». Las primeras experiencias biológicas fisioquímicas de Benedit (años 70) son ante todo comentarios sociales: detrás de (o en) los habitáculos y laberintos están las vicisitudes políticas, el atraso educativo, el avance tecnológico, la vida automática de la rutina y las ciudades superpobladas. Y también está el olvido, que Benedit combate desde el arte: olvido de la Naturaleza, del deseo, de los sueños, del espíritu de libertad. En Trypanosoma Cruzi, 1994, si bien Benedit nos habla, con la perspectiva del arte sobre procesos naturales, su discurso incluye experiencias en un dominio que les hace ostentar un sentido nuevo. Elabora una gran metáfora de las relaciones entre la ciencia y el arte; metáfora que circula entre la pasión y la creación, aunque su fuente sean aquellos procesos naturales del universo zoológico y botánico. Sus propuestas remiten a la vida de la sociedad humana; concretamente: a los hábitos individuales y colectivos del hombre contemporáneo, incluido el de la ejecución y consumo de obras de arte.

•Experimentos

Los experimentos realizados, por más que su origen científico fuera someter a hombres y animales a pruebas de aprendizaje, adquieren en Benedit una nueva fisonomía al vincularse con una propuesta estética. Su importancia no estriba en la reproducción de ejercicios tradicionales de la psicología experimental sino en la integración de ellos en un contexto nuevo. No se trata de detectar la respuesta de ratas, hormigas o seres humanos a los problemas y obstáculos expuestos, sino de utilizar todo el material -con conductas exitosas o desacertadas - para ofrecerlo como un juego biológico encuadrado en una comunicación creativa. A diferencia de los ready-made de Marcel Duchamp, los objetos zoológicos y botánicos de Benedit nada tienen que ver con los productos de la industria: se sitúan en un nivel donde adoptan nuevas perspectivas debido al uso que se hace de ellos, como si su presencia surgiera de los límites de la percepción.

Benedit
libera el actuar y el sentir del mundo animal y vegetal, en un proceso que exalta el carácter de la obra de arte y no la investigación científica. Pero su orientación es conceptualista; de ahí que haya de asociarse, desde su fundación, en 1971, al Grupo CAYC, que nutre y consolida en la Argentina esta corriente, y continúa sus presentaciones colectivas hasta 1993, última muestra presentada por Bedel, Benedit, Grippo, Portillos, Testa, Maler y el autor de esta nota.

Benedit
también ha partido de lo natural para alcanzar lo artificial. Más aun, sus obras traen instrucciones destinadas a la fabricación y el armado del animal respectivo, en un alarde de preciosismo, aunque también de ironía, dos valores incluidos en el diseño (en planta y corte) de sus modelos. Pero rehuye toda vinculación con la zoología fantástica creada por mitos y leyendas; sin embargo, algo fantástico y singular surge en sus obras sobre animales comunes; la diferencia es que esa fantasía le pertenece.

«No quiero hacer una reivindicación nostálgica». dice Benedit-. «Me zambullo en el tiempo y extraigo una tajada de historia, que analizo a través de mi visión de las cosas».

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