(31/05/2001) Alberto Delmonte es un artista preocupado por ciertos factores que en las dos últimas décadas quedaron al descubierto: una cultura que ha dejado de ser un producto de la integración directa de los seres humanos para convertirse en un híbrido elaborado y dirigido por operadores que responden a intereses de grupo o de mercado.
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El predominio de lo superficial y efímero por sobre la obra permanente y el concepto de trascendencia. El surgimiento de supuestos valores creados desde el mercado y la globalización de las experiencias plásticas más allá de los posibles estilos particulares, nacionales o regionales.
Por eso la estética delmontiana no responde a lo que se denomina la cultura dominante, surgida, como este verdadero maestro señala, en las cuarenta manzanas del centro de Buenos Aires. Pertenece, en cambio, al pensamiento y al hacer de artistas admirados como Klee, Ta-mayo, Tapies, Bissier, Lam, Gambartes y Torres García.
Símbolo, abstracción, horizontales que aluden a la llanura y la oposición de verticales, densidad colorística de grises y ocres muy rioplatenses ocasionalmente matizados por lilas «porque ese color me era necesario en ese momento». Su muestra en Palatina, óleos, técnicas mixtas, collages, dibujos a tinta o en carbonilla, esculturas, responde fielmente al concepto de unidad, orden, equilibrio, ritmo, tono, presente en el corpus total de su obra y en esa suerte de manifiesto en el que expresa su convicción de que ética y estética deben permanecer estrechamente unidas.
* Por sus raíces, Cristina Santander se identifica con la tierra ancestral, por eso ama España y allí es feliz. La ha recorrido, se ha internado en el Prado, ha reflexionado sobre Velázquez, El Greco, Zurbarán, Goya, Picasso, a quienes también ama. Nos ha dado bodegones, balconadas y abanicos, caballeros, hidalgos, meninas, reinas e infantas. Una de las razones por las que el embajador de España en nuestro país, Manuel Alabart, le agradece en su presentación en el catálogo de su actual muestra es que haya logrado superar los particularismos para poder retratar su país desde sus profundos ojos de argentina universal, calificándola como pintora de España.
Varias versiones de meninas, danzas, rondas, sones, en un vertiginoso y exuberante colorido, empastes recargados como no los había realizado antes, una visión que quizá corresponda a la España galante, idealizada, registrada en su memoria. La serie de grabados que completa su «Homenaje a España» demuestra, como es habitual en esta artista, la excelencia de su técnica y la gran variación compositiva a manera de collages fragmentados transforma las imágenes urbanas finiseculares en contemporáneas. Galería Zurbarán (Cerrito 1522). Clausura el 15 de junio.
Alejandro Kokocinsky (1950), nació en Italia, pasó su niñez en Brasil y la Argentina, vive actualmente en Roma y ya ha realizado varias exposiciones en Buenos Aires. Actualmente expone casi treinta óleos de gran tamaño en el 2º piso del Complejo El Ateneo, correspondiente a la Galería Rubbers.
Pintura tenebrista, que «casi goyescamente aterra», como la describiera Rafael Alberti en un poema dedicado al artista, con una técnica enraizada en la pintura del pasado, aquella destinada a perdurar, con respeto por la noción tradicional de la obra de arte, como un objeto precioso y que encarna los valores eternos.
El espacio del cuadro, perfecto ejemplo del claroscuro, tiene su centro lumínico en un rostro o en alguna otra parte de la anatomía, ya que son todas figuras. Hay gran conocimiento del dibujo pero aquí aparece invadido por la materia, por el impulso y la energía del gesto, por la pincelada en acción. Quizá la recurrente tonalidad y el exceso de obras, un tanto abrumador, le quitan convicción a la dramaticidad de las imágenes. Hasta el 19 de junio.
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