3 de octubre 2002 - 00:00

Coinciden tres estupendas exposiciones en el MAMBA

Mónica Millán (1960) nos invita a pasear nuevamente por su «jardín». La primera vez estaba pintado sobre la pared, flores acuáticas junto a otras de carácter siniestro, pequeños insectos devoradores. Esto nos llevaba hacia otros jardines sutilmente bordados en cuentas y perlas en celebración de un silencioso ritual femenino. El «jardín» actual es literalmente la selva misionera, precisamente de San Ignacio de donde es oriunda.

Millán
camina por el monte espeso y oscuro en el que pierde su orientación. Recolecta hojas, raíces, plumas, ramitas, tierra. Medita, habla y también recolecta los sonidos, por eso, «Jardín de Resonancias» es una obra eminentemente subjetiva. El resultado es la inquietante instalación -con la que acaba de inaugurar una nueva sala en el tercer piso del Museo de Arte Moderno-, proyecto realizado en Canadá gracias a una beca de la Fundación Antorchas.

Sobre las esculturas de adobe que la artista llama «recipientes», con luz cenital, pende un «capullo». Cada una posee un sonido propio y diferente, aunque todos con un parlante montado dentro de cada pieza, pero este agregado tecnológico no debe perturbarnos ni distraernos. Sólo debemos escuchar con atención porque es apenas un susurro (de la misma Millán) y también imaginar sus manos febriles trabajar la tierra y los elementos de la naturaleza. Esta no aparece idílica, volvemos a utilizar la palabra siniestra, por todo lo que ella ofrece en cuanto a ese eterno proceso de nacimiento, transcurso, muerte, descomposición. Hay varias maneras de estar en la Naturaleza. Millán se funde en ella, en busca del paisaje interior hasta que le sea revelado.

Mónica Millán
ha expuesto en el Espacio del Fondo de las Artes «Ojo al País», en el Salón Banco Ciudad, en exposiciones en Canadá, Ecuador. Recientemente recibió una beca de la Fundación Rockefeller y del Museo del Barro (Asunción, Paraguay). Hasta el 10 de noviembre.

Hay artistas ligados definitivamente a mecenas o críticos que los descubrieron, protegieron y son el sustento de sus teorías. Es el caso del teórico italiano Achille Bonito Oliva que presentó en 1979 la obra de un grupo de pintores que constituyeron la Transvanguardia italiana: Chia, Clemente, Cucchi, De María y Paladino. Estos artistas promovidos al primer plano internacional, proclamaban el «retorno al placer de una ejecución manual que devuelve la pintura al mundo del arte», en protesta contra aquellos que habían proclamado su fin.

Mimmo Paladino
(1948) en cuya obra más destacada se encontraban alusiones a culturas primitivas africanas, pinturas rupestres, referencias medievalistas; las cabezas, casi calaveras, eran el factor dominante. Las obras causaban en el contemplador una gran inestabilidad por sus sutiles alusiones y su apelación al sentimiento. La muestra que se presenta en el MAMBA, y que calificaríamos de cámara, son pequeñas técnicas mixtas encerradas en cajas y las que se accede a través de una malla de red. Dibujo sintético de esos rostros cadavéricos, de una silla, una pincelada matérica sobre el papel blanco, alguna figura envuelta en un turbulento torbellino, una construcción que no obedece a ninguna regla, que esconde enigmas y secretos.

Auspiciada por la Embajada de Italia, la muestra está inspirada en «Il Deigiuno Imposto», un poema breve de «Gian Ruggero Mancini». Clausura el 10 de noviembre.

•Por último, siempre en el Museo de San Juan 350, se puede ver «Escultura Medial-Escenas del Video Arte de Suiza», una exposición itinerante organizada en el marco de las actividades en el extranjero de la Fundación Suiza para la Cultura Pro Helvetia. Son 22 obras seleccionadas por la curadora Ursula Wittmer, realizadas por artistas suizos y de otros países que utilizan un medio ya consolidado en el campo artístico -debe recordarse que esta disciplina se inicia en EE.UU. a mediados de los '60- y que acapara la atención de la crítica y del público. Un medio que requiere creatividad, imaginación, que provoque la interacción, a fin de que toda la parafernalia tecnológica llegue de manera humanizada.
Destacamos las obras de
Ppipilotti Rist, de la argentina Ana Axpe (quien este mes dirigirá un taller de esta especialidad), Eric Dettwiler, Alexander Hahn, Eric Lanz, Chantal Michel, Chérif y Silvie Defraoui. En general, estos artistas no sólo demuestran gran destreza técnica sino un gran refinamiento en la exposición de sus ideas. Hasta el 10 de noviembre.

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