Akademie für Alte Musik Berlin. Solistas: Ch. Beuse (fagot), M. Seiler (violín) y Y. Suh (soprano). Obras de Mozart. (Teatro Colón.)
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Fundada en 1982, la Akademie für Alte Musik Berlin (Academia de Música Antigua Berlín), es una estupenda orquesta de cámara integrada por unos veinte intérpretes de instrumentos de época y una soprano, cuyo objetivo principal es restaurar el sonido original de las composiciones del Barroco y del Clasicismo. El conjunto, integrado por brillantes instrumentistas jóvenes de distintas orquestas berlinesas, cumple su objetivo con gran calidad sonora y respeto por la dinámica y la expresividad de las épocas de gestación de las obras.
El programa de presentación para la actual temporada del Mozarteum Argentino estuvo dedicado en su totalidad a Mozart. La apertura, con el «Divertimento» en Fa Mayor, KV. 138, ya probó la vitalidad y frescura de la agrupación, que ostenta en cuerdas y vientos una fervorosa perfección. La técnica límpida, la claridad de los conceptos y la afinación depurada (un mérito destacable dada la vulnerabilidad de los instrumentos históricos), son características salientes de la Akademie Berlin.
Todo lo cual reiteraron en el resto de la composiciones ejecutadas como el Concierto para fagot, KV. 191, con un cuidadoso trabajo del solista Christian Beuse.
La primera parte del concierto se cerró de manera estupenda con la soprano lírica Yeree Suh, deliciosa intérprete del «Exsultate, Jubilate», un motete-cantanta en tres partes (allegro, andante, allegro) sobre textos religiosos. La voz de exquisito timbre e infalible afinación de Suh fue ideal para el fraseo expresivo y poético de este fragmento, que valorizó con ornamentaciones y coloratura de muy buen gusto, en uno de los momentos más brillantes de la noche.
La segunda parte comenzó con el Concierto para violín N° 2, KV. 211 con la actuación de otra refinada instrumentista oriental, Midori Seiler, de sonido muy pequeño pero extremadamente musical y un virtuosismo que se hizo evidente en las dos complejas «cadenzas» que posee la obra.
El concierto se cerró con una lectura ágil y bella de la Sinfonía N° 29 en La Mayor, K.V.201, donde se pudo apreciar nuevamente la nobleza de los instrumentos antiguos, su color y su versatilidad expresiva, en un amplio espectro que fue desde el allegro moderato inicial, se hizo meditativo y acompasado en el andante, elegante del «Menuetto» y exultante en el allegro con spirito conclusivo.
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